Viernes, 23 de Abril de 2021      

Una vida corta y un recuerdo largo

Rodolfo Páez Oro: El tonadero mayor de Cuyo

Rodolfo Páez Oro fue uno de los más importantes solistas que tuvo el folklore cuyano. Murió muy joven, hace 16 años, pero aun sigue vigente en el recuerdo de los sanjuaninos, especialmente de los guitarreros amantes de la cuyanía.

Rodolfo Páez Oro fue uno de los más importantes solistas que tuvo el folklore cuyano.
Partió joven, cuando todavía le quedaba mucho por recorrer y muchas tonadas por cantar. Y cuando lo hizo San Juan perdió un artista de tanta calidad que todavía no deja de hacer sombra sobre los nuevos cantantes que han surgido en los últimos años. No se trata de una falta de talento, sino que simplemente con su vida marcó la historia musical de la región.
Rodolfo Páez Oro, el “Gordo” con cara de bonachón, unos ojos celestes impactantes y sonrisa fácil, nació el 27 de agosto de 1948, en el Barrio Bardiani. Fue bautizado con el nombre de Rodolfo Néstor Páez y cuando lanzó su carrera musical decidió, en homenaje a Raúl Oro, con quien su madre tenía un parentesco lejano, ella se apellidaba Sánchez Oro, agregarse el apellido.

Antes de hacerlo le pidió permiso a quien años después fue su compadre y padrino de casamiento: Pinono Oro.

1972 - El Gordo Páez Oro / Durante una fiesta realizada en 1972, canta “El Gordo” Rodolfo Páez Oro. Fue, sin duda, uno de los cantantes más famosos de nuestra provincia y murió muy joven. Nacido el 27 de agosto de 1948, en el Barrio Bardiani, desde muy chico empezó a cantar y debutó profesionalmente a los 17 años. Su padrino artístico fue Raúl de la Torre y agregó el Oro a su apellido como un homenaje a la familia que tantos artistas ha dado y sigue dando a nuestra provincia.
Un gran cantante
Dueño de un carisma que lo hacía querido por cada uno que lo veía actuar o escuchaba sus grabaciones, Rodolfo Páez Oro pasó a la eternidad convertido en uno de los mejores cantantes nacido en esta tierra.
Y por eso se ganó el apodo de Tonadero mayor de Cuyo al ser un número indiscutido de cualquier festival que se festejara en Mendoza, San Luis o San Juan.

Mario Zaguirre, recordaba en una entrevista:
-Fue un cantante excepcional. Tenía un registro de voz amplísimo que le permitía entonar con la misma facilidad los acordes más bajos como los altos. Hasta hoy no ha salido un músico de la personalidad de Páez Oro. Y si bien hay muy buenos cantantes el “Gordo” era el Gordo; siempre transmitió una cosa especial que, sumado a su voz espectacular, que cuidaba bastante, lo hacía simplemente único.

Rodolfo junto al Puma José Luis Rodríguez y su último compañero de canto, Pelufo Barboza. El Puma quedó conmovido con la voz del Gordo.
Sus primeros pasos
Sus primeras actuaciones las realizó, como muchos otros cantantes de la época, en el programa Alero Huarpe que Jorge Dario Bence conducía en LV5 Radio Sarmiento. Allí obtuvo su primer contrato laboral.
Su padrino artístico fue Raúl de la Torre, quien siempre lo alentó en sus actuaciones y lo acompañó la primera vez que subió a un escenario en la Gruta de Fátima cuando corría 1965.
El éxito no tardó en llegar y Rodolfo Páez Oro como solista o con alguna de las agrupaciones que integró en esos años (Dúo Azul junto a Hugo Giménez Mallea y Los Nocheros del Valle, con Carlos Bustamante y Hugo Quiroga) comenzóa recorrer todas las peñas que se organizaban en la provincia.

En 1972 decidió ir a probar suerte a Buenos Aires debutando en El Rincón de los Artistas y gracias a su amigo y admirador, Oscar Valle, el Trovador mayor deCuyo tuvo un espacio en las radios y peñas de la gran ciudad. Para muchos debió haberse quedado y gestar así una carrera de perfil nacional pero él siempre se jactó de ser un fanático de su tierra.

Hecha la elección Páez Oro, que no logró el reconocimiento nacional que se merecía, llegó a lo más alto que un artista del interior puede soñar: ser profeta en su tierra.

Y hasta logró compartir el escenario con grandes figuras como Antonio Tarragó Ros, Mercedes Sosa, Los Chalchaleros, Horacio Guaraní, Eduardo Falú o Víctor Heredia entre muchos otros. Y tantos años de carrera le dieron grandes amigos como Antonio Tormo, con quien salía a comer pizza con una ginebrita, o Jorge Durán, con quien compartían cada vez que se veían un pollo al ajillo. Incluso cantó por más de dos horas para Sandro y cautivó al Puma José Luis Rodríguez con su voz.
Cuenta la leyenda que en 1971 Páez Oro fue a Huaco y frente a la tumba de Buenaventura Luna hizo la promesa de cantar de por vida la música que identificaba a Cuyo. Y cumplió al pie de la letra su promesa aunque, cuando apareció en los escenarios, fue evidente su renovación del repertorio regional pero siempre respetando la tradición de sus mayores.

Rodolfo Páez Oro junto a la mujer que lo acompañó hasta el fin de sus días: Ilsa Mendoza
Su esposa

Cuando todavía era flaco, se casó con Ilsa Mendoza, la mujer con quien tuvo dos hijas, Natalia y Romina y que lo acompañó en su vida de artista bohemio.
Esa vida que lo llevaba a trasnochar varios días de la semana. Incluso era Ilsa la encargada de atender a los amigos cuando decidían, sin importar la hora que era, continuar con la fiesta en el quincho de su casa.

Su primera guitarra se la obsequió su mamá, quien le dijo que fuera a retirarla de casa Postigo. “Cuando volvía a casa tenía miedo que se burlaran de mi y no quería atravesar la plaza en la que estaban mis amigos. Pensé en ir por otro sector. Hasta que me dije: yo voy a ser cantor y atravesé la plaza con paso seguro”, comentaba en una entrevista

Nunca fue un improvisado y siempre aseguró ser un profesional de la música.

Es por eso que paralelamente al bachillerato estudió música, donde tuvo de profesores a artistas de la talla de Oscar Valle, Roberto Palmer (de los Quilla Huasi) y Ricardo Ochoa, tenor del Teatro Colón y uno de los creadores del recordado conjunto Los Puneños.

El Gordo y el Pelufo
En 1994 conformaron el Dúo Latinoamericano con el padrino de su hija menor, Pelufo Barboza que hoy recuerda:
-Al momento de formar el dúo hicimos un repertorio latinoamericano. Y tuvimos la suerte que, cuando se bautiza el dúo, tuvimos muchos cantores e inclusive Oscar Valle que vinieron a vernos y apoyaron nuestra iniciativa. Haber cantado con Rodolfo fue una experiencia inolvidable. Siempre le decía “vos sos el Horacio Guaraní de Cuyo”. Como solista era único.

Rodolfo Páez Oro murió el 26 de noviembre de 1999. Tenía 51 años. Seis meses antes le habían diagnosticado una enfermedad irreversible.
A él le gustaba hablar de la muerte, tal vez porque sabía que estaba tan cerca, y a quien quisiera escuchar le decía que no veía el momento de juntarse con sus dos amigos entrañables: Ernesto Villavicencio, que falleció en 1996, y Pinono Oro, que lo hizo en el 94.

Se despidió de sus amigos y también de sus seguidores con un espectáculo en el Teatro Sarmiento que se realizó pocas semanas antes de su fallecimiento.
-En esa despedida estuvieron todos los artistas, los que estaban invitados y también los que no. La canción de despedida fue “Ay que ver” de Alberto Cortez, un autor que le gustaba mucho. Todos en el Teatro terminaron llorando- recuerda Panchito Godoy.

Su sepelio fue multitudinario. Se acercaron todos los músicos con los que compartió tantas noches e inclusive llegaron artistas de Mendoza y de Chile para despedir al Tonadero mayor de Cuyo. En los autos que acompañaban el cortejo se escuchaban a todo volumen las canciones del Gordo y antes de su sepultura no faltaron las cuecas y tonadas interpretadas por Ernestito Villavicencio y los versos de Jorge Dario Bence. Para finalizar, Pelufo Barboza, mientras entonaban La del jamón, la cueca escrita por su amigo, el Negro Villa, invitó a los presentes a hacer el último baile en su honor. La primera en agarrar el pañuelo fue su entrañable compañera de toda la vida, Ilsa Mendoza.

Ernesto Villavicencio junto a su gran amigo Rodolfo Páez Oro. Antes de morir éste decía que no veía la hora de encontrarse con su compadre para tocar una tonadita. En la foto también está Juan Carlos Rojas, Pelufo Barbosa y el “Cabezón” Barrera.
Las serenatas del amor

Amante del cimarrón y las montañas, sus mejores recuerdos eran los de su juventud cuando en las frías noches de invierno salía con su guitarra a cantar serenatas para hacerle la “gamba a un amigo”. Aseguraba que muchas parejas se habían casado con “Al pie de la ventana”, la canción que decía:

“Vengo al pie de tu vieja ventana mi bien, a dejarte mi vida en este canto de amor”

“Hay serenatas muy bellas -decía en la última nota periodística- el canto tiene forma de llave, abre corazones y con él recorrimos muchos barrios”

Y también recordaba que cuando estaba en Buenos Aires cada vez que salía a cantar serenatas los miraban como “hueso de cogote”.

Quienes lo conocieron aseguran que de joven Rodolfo era bien flaco. Esta foto de sus comienzos lo demuestra.
El legado
La última entrevista que el Gordo Páez Oro le concedió a El Nuevo Diario fue el 29 de julio de 1999. Allí diría que “me gustan Los Nocheros porque le cantan al amor, introduciendo elementos nuevos, reeditando viejos temas y las peñas. Además han acercado a los jóvenes a nuestras raíces al igual que Soledad”.

En el legado que dejó Páez Oro se encuentran varias grabaciones. Simples obras, que salió a la venta en 1974 y que contenía las canciones Linda mi mamá y La quimera y se agotó en pocas semanas convirtiéndose en su primer gran éxito. Después en 1982 le siguió un casete con varios temas y que en el piano tenía al maestro Orlando Tejada. En 1984 llegó el turno de Más cuyano imposible. En 1987 de Por Cuyo, salud. En 1992 salió a la venta Tres hermanas en un canto: San Luis, Mendoza y San Juan. Su último trabajo fue Todo cueca, todo tonada y todo vals.

También fue autor de las canciones Pelado de Cuyo, P´al cumpa Orellano, Navidad en Cuyo, Corazón labriego, Himno del Skal Club, Himno de Victoria en Flor y Espina de un recuerdo.




Publicado en: La Pericana el viernes 27 de marzo de 2016 – edición Nº13. Escrito por Noelia Escales



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