Viernes, 4 de Diciembre de 2020      

Dávila Hidalgo. Atrapados por la música

Fernando Hidalgo junto a su esposa Milagros, padres de Nieves Hidalgo de Dávila.
Entre los Dávila reina la música. De la mano de lo clásico, el folclore o el rock internacional, cada uno fue encontrando su camino y hay al menos cinco generaciones abrazadas al arte. Esta historia comienza con José Luis Dávila, maestro, cantante, autor y compositor y su esposa María de las Nieves Hidalgo. Sus hijos, nietos y bisnietos siguen el camino que Pocho comenzó a trazar, muchos con la música y otros con diferentes artes.

El amor que nació en Bermejito

Fernando Hidalgo llegó de España con 17 años, a principios de siglo XX. Venía con su hermano cuando aquel país estaba en guerra civil. El destino original para los Hidalgo era Uruguay, pero allí no lograron encontrar a la persona que los había mandado a llamar. Así que siguieron camino y llegaron a Buenos Aires, donde Fernando conoció a otro inmigrante español, Jaime de Lara.

La relación con De Lara fue fundamental para los destinos de Fernando. Junto a él llegó a San Juan, trabajaron juntos en una bicicletería y cuando Jaime creó Casa Lara él fue gerente del comercio. El vínculo no era solo de trabajo, sino que además sus esposas eran hermanas, Jaime estaba casado con Lola Rodrigo y Fernando con Milagros Rodrigo. Ambas compartían una finca en Bermejito, Santa Lucía, donde disfrutaban los veranos.

En ese escenario comienza la historia de una de las hijas de Fernando, María de las Nieves Hidalgo. En los días en que disfrutaba de la finca, Nieves conoció a un joven que vivía cerca de la propiedad. Era José Luis “Pocho” Dávila, maestro de profesión y músico y cantor por vocación. Era un joven trabajador que había quedado a cargo de su madre y hermanos siendo muy joven, después de que muriera su padre, Evaristo Dávila. Fue de él que heredó su amor por la música, lo necesario para tocar la guitarra y aventurarse en ese mundo.

La pareja no era la esperada para la época. No solo porque Nieves y Pocho venían de realidades sociales muy diferentes, sino porque además ella era la segunda de sus hermanos y la mayor todavía no estaba casada. Pero el amor fue más fuerte, como lo serían los sentimientos en las decisiones futuras de ellos, sus hijos y nietos.

José Luis “Pocho” Dávila junto a las Guitarras Sanjuaninas en Radio Minera de Chile.

El duro camino de la música
Pocho trabajó duro para mantener a su familia, que creció con la llegada de sus hijos: Alejandro, Mauricio, María de las Nieves y Victoria. Al mismo tiempo, trabajaba para encontrar la manera de hacer lo que amaba: cantar. Tuvo varios comercios pero en ninguno le fue bien, porque realmente no era comerciante. Como artista actuó en lugares como Flamingo, un boliche que tenía números en vivo y luego trabajó en las radios de la época como locutor y cantó en algunos programas. A través del dial comenzó a hacerse más conocido, al principio se dedicaba a los boleros y cuando fue el boom del folclore, a partir de los años 50, se sumó a ese género.

La labor José Luis no se limitaba al canto, escribió y, aunque era un autodidacta, compuso varias canciones. En la actualidad quienes estudian su música encuentran que tiene rasgos complejos, es rica en armonía y melodía, cuesta creer que hayan salido de un músico que no tuvo formación académica.

Además, Pocho no anduvo solo. En la década del 60 formó el grupo José Luis Dávila y las Guitarras Sanjuaninas, acompañado por Ernesto Villavicencio, Guillermo Puebla y Silas Manrique. Con ellos realizó numerosas actuaciones en radios, peñas y diferentes espacios públicos de San Juan, Mendoza e incluso fueron contratados durante un mes para cantar en Radio Minera, en Chile.

Probablemente una de las hazañas más importantes de José Luis fue cuando el mayor de sus hijos tenía 15 años. Decidió apostar fuerte por su carrera artística y se fue al lugar “donde Dios atiende”. Acá quedaron su mujer y sus cuatro hijos, a la expectativa de conocer los resultados del esfuerzo de su papá, que iba una vez más detrás de lo que anhelaba. En ese momento, los mil kilómetros que separan a San Juan de Buenos Aires parecían extenderse porque no era sencillo comunicarse. Acá los Dávila no tenían teléfono, así que Nieves y Pocho se mantenían en contacto a través de cartas. Después de un año él mando a llamar a su familia y todos se instalaron allá. Él siguió intentando hacer su camino en la música tal vez a la vista de muchos sin éxito, pero dejando un gran legado para sus descendientes. Al poco tiempo regresó a San Juan, pero no dejó de escribir y componer.

José Luis “Pocho” Dávila en Radio Minera de Chile. Junto a las Guitarras Sanjuaninas cantó durante un mes en esa emisora.

Entre guitarras, voces, óleos y reciclaje
En la casa de José Luis siempre hubo música. Cuando sus hijos eran chicos él trabajaba como maestro en una escuela nocturna y llegaba a su casa pasada la media noche. Los niños se acostaban mientras escuchaban el piano ejecutado en manos de su madre, pianista clásica. Ella se quedaba junto a la música hasta que Pocho volvía. Además, el living de los Dávila era el escenario de las numerosas reuniones de José y sus amigos. En su entorno todos cantaban o tocaban algún Instrumento y entre ellos estaba el reconocido Saúl Quiroga.

Todo esto fue generando un clima que llevó a que los cuatro hermanos Dávila Hidalgo de diferentes maneras optaran por el arte. De hecho un día, Alejandro se levantó y vio que después de una juntada alguien había dejado un bombo en el living. No tenía más de siete años y se puso a tocarlo con gran emoción. Su padre lo vio y le preguntó si quería aprender. Así que empezó a ir a la academia de Don Benicio Bustos, quien aparte de médico era músico. Sin embargo, el primer día que fue Alejandro vio a un chico tocando la guitarra y cantando. Eso lo fascinó y desde su segunda clase empezó a aprender ese instrumento y nunca dejó de hacerlo.

Aunque era difícil vislumbrar un futuro profesional con la guitarra, porque en San Juan no había más alternativas que los profesores particulares y en su momento el Instituto Superior de Artes, en 1973, con la creación de la Universidad Nacional de San Juan, surgieron varias carreras, una de ellas fue el profesorado de guitarra. Así fue que Alejandro, que venía de estudiar ingeniería, optó finalmente por ese camino.

Siendo chico Alejandro cantaba junto a su hermano Mauricio y, aunque no les gustaba, en las fiestas familiares siempre los hacían actuar. Además, el segundo hijo de Pocho integró durante varios años el grupo Kunan Manta, tocó la quena y el charango, también cantó en el Coro Preuniversitario y Universitario de la UNSJ, algo que también hizo su hermano Alejandro. Sin embargo, después siguió un camino distinto a la música, más ligado a las artes plásticas.

Al igual que su padre y su abuelo, Mauricio trabajó con sus habilidades intuitivas. Desde pequeño era muy buen dibujante, hacía cosas con arcilla y Pocho, vislumbrando su talento, lo llevó a aprender cerámica. De la Escuela Industrial egresó como técnico constructor, luego estudió un par de años ingeniería, pero supo que no era lo suyo y de ahí se pasó a arquitectura. En esa época falleció José Luis, era el año 1977. Él dejó la carrera y se abocó con más fuerza a su vocación.

Unos años antes de eso, Mauricio y sus hermanas Nieves y Victoria hicieron un curso con un artista chileno que utilizaba una técnica japonesa. Utilizando esas herramientas empezó a pintar pañuelos, que vendía en un almacén que tenían en la casa. Viajó a Bariloche para participar de una feria y ese fue el puntapié para seguir participando de ese tipo de espacios, como la feria de las pulgas de San Juan, que en esa época estaba en plaza Laprida. Una de sus incursiones más novedosas fue la que experimentó con el material plástico proveniente de caños de PVC; con eso hizo platitos, anillos, cucharitas, entre otras cosas. También se desarrolló en la pintura al óleo, sobre todo ilustrando paisajes. Su abuelo Hidalgo salía a pintar al campo con amigos como Tornambé, Dubois, Marcelo Victoria, y Mauricio los acompañaba. Entre otros trabajos, fue el responsable de pintar las escenas de los dinosaurios en la muestra “Titanes de Ischigualasto”.

Las mujeres de la familia, si bien no se abocaron a la música, trabajaron con el arte desde las manualidades y la pintura. Nieves hizo tejido, pintura y se formó para trabajar con chicos con discapacidad. Vivió varios años en Bariloche, allá formó parte de coros de cámara de Bariloche y cuando regresó se unió al Coro Universitario de la UNSJ. Victoria, que de chica fue al Coro de Niños de la UNSJ, también se dedicó un tiempo a la pintura, pintó vestidos para diseñadores locales y después comenzó a trabajar reciclando botellas de plástico, haciendo macetas, aros y colgantes.

Los hermanos Dávila Hidalgo instauraron una costumbre que después siguieron sus hijos y nietos, las fiestas de cada primero de enero. Para ese día toda la familia tenía que preparar un espectáculo artístico, con guión y vestuario especial. Una de las primeras presentaciones fue con Alejandro y Mauricio, utilizando guitarras eléctricas hechas con cartón y vistiendo trajes hechos con cortinas. Después sus hijos lograron hacer presentaciones con mucha más preparación, como el musical Grease.

José Luis “Pocho” Dávila cantando en vivo en Buenos Aires, en Radio Belgrano, antes se llamaba LR3.

El gran legado de Pocho
Después de Alejandro, Mauricio, Nieves y Victoria, muchos de sus hijos se dedican a la música y varios de los que no lo hacen profesionalmente de todas formas tienen habilidades para las artes. Incluso la quinta generación, los nietos de los Dávila Hidalgo, muestran que van por ese mismo camino.
Alejandro Dávila y Mónica Kurbán.

» Alejandro Dávila es padre de Natalia, Gabriel, Santiago y Federico Dávila Kurbán. Natalia es licenciada en Historia, es madre de Luan y Lucía. Ella junto a su padre, director de un Proyecto Universitario de Creación Artística, y otros músicos como Patricia Blanco, pianista, y Alicia Ambi, cantante, trabajaron rescatando obras de José Luis y Carlos Montbrún Ocampo, uno de cuyos resultados fue la grabación de dos discos. Por otra parte, Santiago y Gabriel se iniciaron juntos en la música. Siendo niños escucharon un disco de John Lennon “Collection”, a partir del cual conocieron a los Beatles. La música de los ingleses los fascinó, les permitió aprender mucho de lo que saben y fue su principal estandarte en sus inicios. Siendo niños participaron en los domingos clásicos de Falabella y con solo quince y doce años fueron teloneros de Alejandro Lerner en la Fiesta del Sol. Ambos, con sus proyectos musicales, se han convertido en reconocidos músicos dentro y fuera de la provincia. Federico es licenciado en Astronomía y además toca el violoncello y el piano.

» Nieves tuvo tres hijas: María Cibeles Guarnido, que es diseñadora gráfica y madre de Violeta; María Paula Guarnido, es profesora de educación física, dueña de CroosFitNyma y madre de Amanda, y María Eugenia Guarnido.

» Victoria tiene dos hijos. El mayor es Joaquín Martínez, como su abuelo paterno optó por la música, es director de coros, forma el reconocido dúo Joaquín y Belén, vive en Mendoza y es padre de Romeo. A Joaquín le sigue Imanol Martínez, que se dedica al teatro.

Nieves Hidalgo junto a sus cuatro hijos Mauricio, Alejandro, Victoria y Nieves Dávila Hidalgo.
Fernando Hidalgo junto a su esposa Milagros, padres de Nieves Hidalgo de Dávila.
Fernando Hidalgo en una de sus salidas al campo a pintar.
José Luis “Pocho” Dávila cantando en vivo en Buenos Aires, en Radio Belgrano, antes se llamaba LR3.
El músico Gabriel Dávila Kurbán, hijo de Alejandro Dávila y nieto y de Pocho Dávila.
El músico Gabriel Dávila Kurbán, hijo de Alejandro Dávila y nieto y de Pocho Dávila.
Santi Dávila Kurbán en el escenario, el músico es hijo de Alejandro Dávila y nieto de José Luis Dávila.
Santi Dávila Kurbán en el escenario, el músico es hijo de Alejandro Dávila y nieto de José Luis Dávila.
Padre e hija unidos por la música, el guitarrista Alejandro Dávila junto a su hija Natalia Dávila Kurbán.
El director de coros Joaquín Martínez Dávila, hijo de Victoria Dávila y nieto de Pocho Dávila.
Joaquín Martínez Dávila junto a Belén Segura forman el dúo Joaquín y Belén.
Federico Dávila Kurbán, hijo del guitarrista Alejandro Dávila.
Los hermanos Dávila Kurbán: Federico, Natalia, Gabriel y Santiago.
Federico Dávila Kurbán, hijo del guitarrista Alejandro Dávila.



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