Domingo, 20 de Agosto de 2017      

Manuel Correa: "Me lastima la lástima"

Su vida es un relato que bien podría encajar en el argumento de una película de Hollywood por aquello de la autosuperación y de tener que empezar de nuevo. En la década del 80 empezó a tener problemas en la vista. Desde entonces la fue perdiendo paulatinamente hasta quedar ciego. Fue entonces cuando tuvo que encarar una nueva vida y aprender a manejarse a ciegas....

Manuel Correa
Su vida es un relato que bien podría encajar en el argumento de una película de Hollywood por aquello de la autosuperación y de tener que empezar de nuevo. En la década del 80 empezó a tener problemas en la vista. Desde entonces la fue perdiendo paulatinamente hasta quedar ciego. Fue entonces cuando tuvo que encarar una nueva vida y aprender a manejarse a ciegas. Ahora se está moviendo en diferentes ámbitos para destrabar todos aquellos inconvenientes que no le permiten a las personas que padecen una discapacidad moverse normalmente en una ciudad.Tiene 64 años. Nació en San Juan. Todos lo conocen por Manolo. Hizo la primaria y la secundaria enla Escuela Normal Regional General San Martín. De allí egresó como maestro rural. En 1966 se fue a estudiar medicina a Córdoba. En 1973 se recibió de médico y encaró la especialidad de cardiología. Luego volvió a San Juan y acá se desempeñó. Ahora está estudiando Filosofía e Historia en la Universidad para Adultos de la Universidad Nacional de San Juan.

Su casa tiene desniveles. Como si fuese una paradoja de la vida, hay escalones para ir de una sala a otra. Y las habitaciones están en una planta alta. Pero Manolo se mueve con total soltura. Aprendió a manejarse en su casa y a salir a caminar por el centro. Se podría decir que dentro de su hogar tiene una independencia admirable. De buen humor, locuaz y entretenido, habla sin tapujos. Está enchufado en este nuevo proceso que atraviesa. Dice que quiere hacer cosas por los discapacitados. Se trata de achicar distancias, de borrar esa silenciosa frontera que separa a los unos de los otros.

-- Hace poco lo vi en el programa La Ventana. Ahí usted explicaba que la sociedad no está prepara para tratar como igual a quien padece una discapacidad. ¿Cómo es eso?
-- Yo tengo una ceguera adquirida. Están quienes son ciegos de nacimiento. Mire, el ser ciego le va despertando a uno los otros sentidos. Se ayuda mucho uno con el oído, con el tacto, con el olfato y con la percepción. El ciego permanece en un estado de alerta permanente. A mí me acompaña el profesor de orientación y movilidad Manuel Rodríguez López, a quien conocí en la Escuela Braille. Ahí me dieron los pasos para adaptarme a esto. Este profesor me enseñó orientación y movilidad. El bastón es muy importante. Aprender a manejarlo es imprescindible.

-- ¿Pero la sociedad discrimina o no?
-- Hay un problema de capacitación, de difusión y de cultura. La gente es muy solidaria. Lo que pasa es que a veces no se cumplen las normas de convivencia. Lo que hay es desconocimiento. La sociedad no sabe cómo. Es solidaria pero a veces no sabe cómo ayudarnos. Los ciegos caminamos pegados a la pared por la línea de construcción. Con eso evitamos caernos a un pozo o irnos para la acequia. Sucede que en la ciudad los obstáculos son muchos. Yo llamo a reflexión al centro comercial, a los empleados y comerciantes.

-- ¿Por qué específicamente a los que trabajan en el comercio?
-- Bueno, le explico: nos encontramos con persianas que abren hacia afuera, los freezer pegados a la pared, macetas, escaparates o exhibidores, mesas de café que no respetan los 2 metros que deben haber entre la pared y las sillas. Hace dos meses, en una confitería, me llevé por delante una maceta. La sacaron. Pero a la semana pasé de nuevo y me encontré en la misma esquina con mesas y sillas y me las volví a atropellar. Debo reconocer que la municipalidad está muy interesada y se ocupa de estos reclamos. La municipalidad ahora tiene un 0800 para hacer denuncias en situaciones de este tipo. Deberían haber elecciones cada 6 meses.

-- En ese mismo programa, usted le dijo a Juan Carlos Bataller una frase que me llamó la atención: ?Me lastima la lástima?. ¿Podría explayarse un poco en eso?
--
Ese día en La Ventana estaba el Padre José Juan García y el diputado Ruperto Godoy, me acuerdo. Mire, yo soy una persona muy emprendedora y me desempeño en medios sociales, hago gimnasia, voy a reuniones de jubilados del Colegio Médico y estoy en dos carreras en la Universidad de Adultos que ofrece la UNSJ. Estudio Filosofía e Historia. Tengo una máquina que me traduce el texto escrito en texto oral, me lee los libros. Esa frase es fruto de mi creatividad. Yo puedo desenvolverme perfectamente y por ahí lo tratan a uno con una disminución o con una incapacidad. Ha cambiado el término que se usa ahora.

Muchas veces es por indiferencia. Otras tantas porque no sabemos qué hacer. Lo cierto es que cuesta adaptarse y actuar con naturalidad frente a alguien diferente a nosotros. Es una constante que sienten las personas que padecen discapacidad en alguna de sus funciones. Será que no nos damos cuenta hasta que nos toca una situación en nuestra familia. ¿O será que la indiferencia es uno más de los tantos defectos que nos caracteriza como sociedad?

-- ¿Cómo cree que la gente debería llamarle a alguien que tiene una discapacidad?
-- La nueva ley le llama ?los derechos humanos para las personas con discapacidad?. Ese término no discrimina. Es importante el hecho de considerarlo persona. Y es importante el nivel de accesibilidad.

-- ¿Qué le diría a la persona que lee esta nota y no sabe cómo manejarse con un ciego?
-- Mire, para el ciego es importante que la gente conozca seis palabras: arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, adelante y atrás. La gente a veces dice ?cuidado?, entonces eso confunde al ciego y uno inmediatamente se detiene. La gente quiere ayudarlo y lo tironea entonces uno pierde el equilibrio. La difusión que ustedes están haciendo es muy importante.

Manuel Correa se levanta del comedor. Se mueve hasta la cocina. Enciende la hornalla y pone la pava. Cuando ésta empieza a silbar, apaga la cocina, pone el agua en un termo. Acerca el frasco de café instantáneo, la azúcar, un par de tazas y dos cucharitas. Entonces sí, se sienta, y mientras seguimos la charla, ofrece un café.

-- Usted tenía una visión normal, ¿cuándo fue que advirtió que empezaba a perderla?
-- Estudié con una visión normal y en este momento soy un ciego total. En el año 1980, venía viajando, de vuelta de Mar del Plata, y comienzo con algunas manifestaciones. Al otro día me vieron y de ahí empecé a hacerme ver en Mendoza, Córdoba y Buenos Aires. Fui visto por Enrique Malbrán en Buenos Aires. Fue todo un tema. No se conocía cuál era el origen de la enfermedad. Tengo diecisiete operaciones que me dieron un resultado en su momento. Fui miembro del Club de Retina. Consulté a Estados Unidos, Colombia y España. Y me dijeron que no siguiera consultando en el mundo estando Savalía y Malbrán en Argentina.

-- ¿Qué le diagnosticaron?
-- Mi enfermedad es un vascularismo retiniano. Es parecida a alguna enfermedad del tipo de la diabetes, o como la retinitis pigmentaria. Me examinaron en plena Aula Magna del Hospital Clínicas, de Córdoba. Me hicieron estudios. Enviaron mi muestra de sangre a París y a Canadá donde estaban los institutos más avanzados. Esto todavía no tiene recuperación. Cuando yo consulte al principio, habían sólo nueve casos en el mundo. Es una enfermedad de autoinmunidad.

-- ¿Cuando todo esto sucedía usted ya estaba casado?
-- Yo me casé en 1975. Tengo mi esposa y cuatro hijos, profesionales todos.

-- ¿Se sintió acompañado por su familia en el proceso de pérdida de vista que atravesó?
-- Tengo una familia maravillosa. He logrado hacer las cosas con mucho empuje pero siempre al lado de mi familia, que es la que realmente me ha contenido y me ha aguantado.

-- ¿Sigue ejerciendo como médico?
-- No, me jubilaron por incapacidad.

-- ¿Se hizo ver en Rusia también?
-- Sí. En ese entonces había lo que se llamó ?Guerra fría? entre oriente y occidente. Se sabía que en Rusia había un tratamiento. En el año 1989 tuve la oportunidad de viajar a Rusia vía embajada argentina. Me vieron en el Hospital de Oftalmología de Moscú. Imaginate, son cuatro manzanas y ocho pisos sólo para oftalmología. El profesor que me vio es el que controlaba a los astronautas rusos. No tuve éxito, no se conocía esto.

-- Aprovechó para conocer Rusia, me imagino.
-- Sí, sí, realmente fui bien atendido. Conocí todo Moscú. Las siete colinas de Moscú con las siete universidades. El río Moscova. Justo era el paso del otoño a la primavera. En una semana pasé de ver 20 centímetros de nieve y a la semana el trigo nacer. Estuve en la primera manifestación que Gorbachov hizo como diputado disidente.

-- ¿Cómo hace para leer un libro común y corriente?
-- Tengo esta máquina (quita una funda y la muestra). Se llama Galileo y la traje de Australia. Lo que hace es escanear una página cualquiera y me la lee en forma oral. Puedo leer así revistas, diarios y cualquier libro. También me envían libros leídos que vienen en cintas grabadas.

-- ¿Usted está pensando en organizar un programa para difundir toda la problemática del discapacitado?
-- Si, junto con el profesor Manuel Rodríguez queremos iniciar un programa de difusión de prácticas para discapacitados. Difundir técnicas no sólo para no videntes, sino para quienes están en silla de ruedas o sufren cualquier otro tipo de discapacidad. Pensamos que esto debería enseñarse desde la escuela. Esto de concientizar a la sociedad es una labor de todos.

PERFIL
Nació en San Juan
Edad: 64 años
Estado civil: casado con Susana Gómez
Hijos: Rosana, Ximena, Analía y Fernando.
Comida preferida: asado
Bebida preferida: vino
El último libro que le gustó: ?Los mitos?, de Felipe Pigna
Música preferida: folclore cuyano y música internacional
Un deporte: sigo mucho el deporte, el fútbol. Pero actualmente mi deporte es la relación personal y humana.
Una ciudad que le gusta: Pocito.

Fuente: El Nuevo Diario - Edición 1511

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