Martes, 25 de Julio de 2017      

Horst Hoheisel: "El arte en el espacio público funciona cuando la gente se enoja"

Sus “contra monumentos” de este plástico alemán y referente mundial en arte público no buscan conmemorar a las víctimas de actos de violencia, sino más bien a la ausencia que estos hechos generan. Sostiene que los políticos sólo tienen “memoria de una elección a otra” y que hacen política con la construcción de monumentos, de los que luego la gente no recuerda qué conmemoran. En cambio, asegura que cuando el ciudadano se enoja, se involucra.

Horst Hoheisel, artista polaco.
Horst Hoheisel, artista visual alemán nacido en Polonia en 1944, es uno de los exponentes más destacados a nivel mundial en arte público. Principal referente del “contra—monumento” —vertiente crítica del arte que nace en Alemania durante la década de los ’80— , su arte se contrapone a los conceptos fundamentales de los monumentos clásicos, intentando crear otros más democráticos que conmemoren el pasado.

Este artista prefiere no recordar a las víctimas de actos violentos en todo el mundo, sino las ausencias que estos hechos producen. Sus obras han causado no pocas polémicas en su país y hasta le llevaron a sufrir amenazas de grupos neonazis, pero también hay huellas de su producción artística en buena parte de Latinoamérica, donde fue “catalizador” de varios proyectos sobre espacios de memoria en Brasil, Venezuela, Perú y Argentina, entre otros países.

El artista sostiene que los políticos “hacen política con los monumentos. La memoria depende siempre de la definición de poder, cada régimen tiene su visión”. Manifiesta que es difícil que la gente recuerde la historia a través de un monumento tradicional y está convencido que “el arte en el espacio público funciona cuando la gente se enoja

—¿El arte es como un guardián de la memoria?
— Vivimos en un mundo con multitud de imágenes virtuales y el arte puede transformar la memoria en imágenes que duren más que un videoclip. Si el arte es de calidad, encuentra una señal que sobrevive. Como Guernica de Picasso. Lo importante es la pintura, pero también recuerda las bombas que destruyeron ese pueblo. Entre Guernica y otros monumentos, la diferencia es que los nuevos monumentos son encargados por políticos. Picasso no tuvo compromiso con ningún político para pintar Guernica. Los políticos sólo tienen memoria de una elección a otra. Si uno le pregunta a la gente qué significa un monumento en una ciudad, no lo sabe. En Lima (Perú), le pregunté a los taxistas qué significaban los monumentos de su ciudad y me respondían: “No sé”. La gente en general no conoce la historia

—Cuando el arte toma la calle, ¿intenta involucrar al ciudadano común?
—Sí. El ciudadano común, en general, no visita los museos y llevar el arte a la calle tiene esta posibilidad de contacto, pero también implica el riesgo de que la mayoría no entienda el arte público. Además, el arte público no está protegido y hay más posibilidades de vandalismo. El arte en el espacio público funciona cuando la gente se enoja. Es mucho mejor que cuando se acepta desde el primer momento. Hay que lograr que la gente se involucre.

—Un ejemplo de esto es su fuente invertida en Aschrott, que recuerda a la pirámide de 12 metros que donó en 1908 un empresario judío y que hasta antes de ser destruida por los nazis 1939 estaba ubicada en la plaza frente a la alcaldía.
—Si. Le gente decía: “Tanto dinero público destinado a la fuente y no se ve nada. Sólo un hueco”. La pirámide, ahora bajo tierra, era conocida como la fuente de la alcaldía pero nadie recordaba la historia del donador y cómo los nazis la destruyeron. Con esta forma negativa, esta historia fue conocida y en la ciudad, todos hablan ahora de la nueva fuente de Aschrott.

—Realizó este trabajo en 1988 ¿cuánto tiempo tomó que la gente comenzara a reconocer esta historia?
—Este proceso duró cerca de un año y ahora ya está aceptada. Igual, durante años, cuando pasaba en el tranvía frente a la fuente, escuchaba comentarios negativos respecto a ella.

—Ud. sostiene que los monumentos dicen más de quienes los construyen que de las víctimas o hechos que se desean homenajear ¿Por qué ocurre esto?
—Porque la mayoría de los monumentos están construidos por artistas contratados por gobiernos con diferentes intereses y los políticos hacen política con los monumentos. Sólo piensan en la próxima elección; que su nombre se conecte con este monumento. La memoria depende siempre de la definición de poder, cada régimen tiene su visión. Mi fuente es un trabajo de arte conceptual y esto también es una moda, como el monumento de Rodin en Palais. Dicen de nuestro estilo de moda porque es un reflejo de nuestro tiempo.

—De hecho conocemos sobre el Paleolítico a través del arte rupestre en las cuevas de Altamira
—Pero hay una diferencia: en la época de las cuevas, los registros dejados en las paredes no son arte, es la vida. La concepción de estos monumentos actuales nace a partir del siglo XIX y están influidos por los movimientos políticos de cada época. Cada artista tiene su contexto y todo esto dice más que de las víctimas.

—¿Cómo funciona el arte público en América Latina?
—Tienen un gran papel los murales, como en el arte mexicano, y hay muchos monumentos. Cada plaza tiene a Bolívar o San Martín, por ejemplo. Creo que estos monumentos forman parte de la vida cotidiana porque están muy integrados. En Buenos Aires, estos monumentos funcionan como “muebles” de la ciudad, pero la calidad de los monumentos contemporáneos, tanto aquí como en Alemania o en toda Europa; no es buena. De estos ejemplos hay muchos en las ciudades.

—¿En Alemania es común ver tantas esculturas de próceres?
—No tan sistemática. En Venezuela, está la plaza Bolívar; aquí, la plaza San Martín, siempre es la misma concepción. Esto no existe en Europa. De hecho, tampoco se asocia un movimiento político con el apellido de un hombre, como aquí “peronismo”, “menemismo” o “kirchnerismo”; en Alemania esto está asociado a Hitler por lo que no está bien visto.

—Ha trabajado mucho por la memoria de las víctimas del Holocausto, como así también las de las dictaduras latinoamericanas, como la de Argentina. ¿Encuentra puntos en común en la forma de proceder de la sociedad frente a estos hechos?
—En Alemania como en Argentina, siempre hubo primero años de silencio. Nací cuando mi madre se fugaba con mis hermanos del avance ruso. Viví con esta historia y nuestros padres se la callaron. Recién en el ’68 los jóvenes empezaron a preguntar a sus padres sobre qué habían hecho durante el dominio nazi. En Argentina ocurrió más rápido que en Alemania, que tardaron en hablar más de 25 años. La diferencia es que en Alemania no hubo casi sobrevivientes que pudieran acusar, buscar. Aquí sí había familiares y amigos que reclamaban. Aquí, por las Madres de Plaza de Mayo con sus marchas, la lucha por la verdad fue más activa. En Alemania, pedían los intelectuales y no de manera tan activa.

—Casi se puede considerar a las marchas de las Madres, con sus pañuelos y sus fotos, como la primera manifestación de arte público; del hecho de adueñarse de los espacios comunes para la expresión de la memoria
—Si. O el hecho de que Página 12, desde hace años, publique la foto de un desaparecido. Aún el día que falleció Néstor Kirchner, esta noticia no le quitó espacio a la foto.

—En el 2004, lo convocaron para conocer la ESMA cuando estaba en ciernes el proyecto del Espacio de la Memoria ¿Cuál fue su impresión al recorrer ese espacio?
—Me pareció un lugar monstruoso. Hasta hoy me lo parece. Los guardias de seguridad están en todos lados, como en un museo, pero no hay visitantes. Este espacio alberga historias crueles, había leyendas en las paredes y los extranjeros tuvieron el privilegio de recorrerlo primero. Me llamó la atención el traje de los guardias, que decía: “Espacio de la Memoria. Seguridad”. Para mí, los guardias del museo con estos chalecos, funcionaban como monumentos, porque el espacio de la memoria es el hombre, el ser humano y no el monumento. Nunca hay seguridad de la memoria, hay varias memorias. La memoria colectiva casi no existe.

—¿Cuál fue su propuesta?
—Abrir el espacio y que cualquier persona pudiera visitarlo. Ahora hay que avisar la visita y sólo se recorre con guía. Eso significa que todavía tienen miedo de dejar que los visitantes recorran solos este lugar.

—En una entrevista contó que cuando su familia vio las fotos del Parque de la Memoria, en el margen del Río de la Plata, pensaron que era una cárcel
—Sí. Creo que el Río de la Plata lleva la memoria como metáfora, porque el pasado como el futuro siempre se mueve. Es como el fluir del río. Nosotros debemos pescar, rescatar del río, los pedazos de memoria, porque el río es la memoria. Yo iluminaría el río porque ahora hay luces que sólo vigilan. Concentraría la luz en el río como monumento. Memoria significa también iluminar lo pasado.

—Ud. es un artista independiente ¿Cómo elige los trabajos a realizar?
—Por ejemplo, el trabajo de la fuente lo propuse yo al alcalde, cuando me enteré que querían reconstruirla e insistí en hacerla hasta que ellos aceptaron. El alcalde hizo lo contrario de lo que los políticos hacen: contra la voluntad del resto de los políticos y los ciudadanos, apoyó mi propuesta.

—Ha trabajado en campos de concentración o en cárceles ¿Cómo decide la obra a realizar?
—Trato de ver qué me dice el lugar. En San Pablo (Brasil), sólo quedaba el portal de una cárcel y ahora es la entrada de un banco. Entonces me preguntaron cómo logré que los ciudadanos conocieran la historia de la fuente de Aschroff. Esa cárcel tuvo muchos prisioneros políticos, entonces ideé una jaula de pájaros en escala uno a uno e introduje palomas mensajeras en los 12 metros de alto del portal. Cada fin de semana, uno de los ex presos liberó una paloma. Fueron momentos de mucha emoción. En las paredes había fotos de los estudiantes y documentos policiales. Antes de liberar cada paloma, los prisioneros contaban su historia a la gente. Las ideas me vienen cuando corro o estoy debajo de la ducha. También trabajo con un amigo arquitecto, con quien canalizo las ideas.

—¿Qué motiva su trabajo por el mundo?
—Las redes entre los seres humanos más que las de los políticos. Tengo amigos en todo el mundo a partir de estos trabajos. Es más importante la experiencia con los amigos que un proyecto en sí mismo.

PERFIL
Nombre: Horst Frederic Hoheisel
Hijos: “Tres hijas. Una estudia Ciencias de Cultura; la otra, hace su doctorado en Paisajismo y la más chica, está en el colegio”
¿Qué lee?: “Leo bastante a Mario Vargas Llosa, muchos años antes del premio Nobel; y a Gabriel García Márquez. Me gusta América Latina y se entiende mucho a la gente leyendo a estos autores. Me gustan también Friedrich Hölderlin y Philip Roth”
¿Qué escucha?: “Me gusta cada vez más y más la música clásica, como Beethoven o Mozart o Grieg. No me gusta tanto Wagner. Me gusta también música de vanguardia y me gusta bailar rock and roll”.
¿Qué ve?: “Películas relacionadas con América Latina también. De Herzog, “Fitzcarraldo”; Passolini y Fasbinder. Me gusta cuando el arte muestra algo de utopía y no sólo consumo”.
¿Cocina?: “Si”
Plato preferido: “Mis fiestas son conocidas porque no sólo cocino sino que salgo a la selva a cazar jabalíes que preparo para mis amigos. Y lo acompaño con buen vino tinto de San Juan. Es mi plato preferido, pero como carne en todas sus versiones. Tengo dos hijas vegetarianas, así es que cambié un poco mi gusto”
¿Cómo le gustaría que lo recuerden?: “Es difícil. No me gustaría que me recordaran como decía un periódico en Lima: “El alemán que quería demoler la puerta de Brandenburgo” (risas). Lo más importante es que mis hijas y mis amigos me recuerden. La fama pública no me interesa”

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