Miércoles, 22 de Febrero de 2017      

Beatriz Salomón: "Ver la cámara oculta me arruinó la vida"

Fue una de las grandes protagonistas del espectáculo en las décadas del ’80 y del ’90. Una cámara oculta en la que se podía ver a su marido en una relación homosexual arruinó su vida.

Beatriz Salomón fue una de las grandes protagonistas del espectáculo en las décadas del ’80 y del ’90. Una cámara oculta en la que se podía ver a su marido en una relación homosexual arruinó su vida. Incluso la pasó mal en lo económico. A esto se sumó otro gran drama, la grave enfermedad de su hermana Isabel. Pero Beatriz sigue peleando con fuerza y el fin de semana pasado estuvo en San Juan para actuar en el casino, en una parrillada y en la entrega de los premios Mercedario.

Beatriz Salomón señaló que "la cámara oculta en la que se podía ver a su marido en una relación homosexual arruinó su vida".
Esta es la entrevista que le realizó Nina Galván.

—Me dijeron “llega Beatriz Salomón a San Juan” y no lo podía creer. Después de treinta años, te fuiste chiquitita en pañales y viniste toda una señorita.
—Señora, porque estoy con dos hijas divinas. Noelia que ya tiene 10 años y Betina que tiene 7. Dos muñecas que caminan, se ríen, dos pícaras. Está hablando la madre, qué va a decir.

—Les das mucha vida.
—Les estoy dando felicidad que es lo más importante en un ser humano. El amor es mutuo. Creo que cuando uno tiene hijos es cuando se realiza como ser humano. Antes es como que las demás cosas van y vienen.

—Vamos a dar vuelta las páginas hacia atrás.
—Nos vamos a meter en el túnel del tiempo…

—Nos vamos a meter en el túnel del tiempo porque Beatriz Salomón comenzó a trabajar en distintos lados hasta que ingresó a trabajar en el Banco Agrario y allí la conozco yo y le dije ¿querés ser modelo? Y dijo sí, me gustaría. De pronto surgió la idea de irte a Buenos Aires.
—Fue cuando gané el concurso de Miss San Juan. Porque así como me dijiste “tenés que ser modelo”, había una señora que iba cuando yo era cajera del banco y me decía: “Beatriz usted tiene que estar en el concurso de Miss San Juan”. Yo le decía: “no señora, si yo estoy sentada acá contando plata, yo no sé caminar”… yo era introvertida cuando era más chica.

—Aclaremos que eras muy tímida.
—Sí, después hay que saltar esa barrera porque la vida te va enseñando. Insistió un año y al siguiente me agarró con el sí fácil y le dije bueno, anóteme. Gané el concurso y yo no podía creer porque para mí fue algo muy novedoso y arriesgado. Fue Miss San Juan para Miss Argentina. Cuando gano tenía que viajar a Buenos Aires y de ahí se podía ir a Japón para Miss Mundo. Me dieron permiso en el banco y viajé. No gané el concurso pero salí princesa. Me fue muy bien, hubo ofertas de trabajo en Buenos Aires.

—¿Conocías Buenos Aires?
—Yo no conocía Buenos Aires. Extrañamente la que ganó, Margarita Hendrich, que era de Mar del Plata, había mentido con la edad, no tenía los 18 años cumplidos. Después estaba Silvana Suárez, —que fue esposa de Ramos de Ambito Financiero— y después seguía yo. Entonces cuando Margarita gana el concurso y va a sacar el pasaporte para ir a Japón a competir por Miss Mundo se dan cuenta que había mentido y le sacan la corona. Pasó a ser Miss Argentina Silvana Suárez y es elegida Miss Mundo. También a ella la vida la marcó.

—La vida te va marcando.
—A medida que vamos creciendo, cuando uno es joven, cree que todo es fácil, que todo es color de rosas, que existe el príncipe azul, todo eso que te cuentan cuando sos chiquita, que son todas mentiras y después a medida que va transcurriendo el tiempo te das cuenta que no es así. Y que tenés que luchar y luchar y darle para adelante y no bajar los brazos si no, no llegás a ningún lado.

—Recordame cómo eras en esa época. Tenías el cabello oscuro, muy ondulado y precioso.
—Muy ondulado. Era muy introvertida, muy insegura, muy flaquita pero muy simpática.

—¿Recuerdas cuáles eran tus medidas en esa época?
—Tendría 82, 55 y 88 de cadera. Así fui a Buenos Aires. Cuando regreso desde Buenos Aires del concurso y había tenido estas ofertas de trabajo renuncio al banco. Mi hermana Isabel trabajaba a la vuelta del banco en una cooperativa de seguros y le propongo que nos fuéramos juntas a vivir a Buenos Aires. Trabajamos unos meses más, juntamos plata y nos fuimos.

—Te habías hecho el toque de nariz porque tenía apenas una ojiva, ¿por qué no te gustaba tanto eso que te daba mucha personalidad?
—Sí, es cierto, me daba mucha personalidad. Aunque nunca había trabajado en Buenos Aires, sabía que son muy perfeccionistas entonces como tenía una pequeña ojiva la llevaba con mucho orgullo porque soy descendientes de árabes, era un toque familiar. Mi abuelo, Abraham Salomón que murió a los 95 años había nacido en Damasco, Siria y entonces yo la llevaba con mucho gusto hasta que un día dije que tal si me limo un poco este hueso que no me termina de convencer.

—Te lo hizo Carlos Mira Blanco.
—Fue un toque que me cambió y me dio mucha seguridad.

—Y allí fuiste.
—Sí, llego a Buenos Aires y fui con mi hermana a una pensión sin teléfono en la habitación. Pero yo me había hecho amiga de Susana Romero. Cuando fui al concurso de Miss Argentina la llamé y ella muy amorosamente me invitó a tomar el té a su casa. Muy amorosa, una muy buena chica a la que tampoco le ha ido muy bien en la vida.

—Ha pagado caro todo.
—Entonces, cuando me instalo en Buenos Aires la vuelvo a llamar a Susana, me invitó a almorzar a su casa, siempre fue muy cálida. Susana Romero era recontra top, era tapa de todas las revistas, Para Ti, Vosotras, Claudia, etc. A la semana me llama una tarde del conmutador y me dice Beatriz, esta tarde tengo cuatro desfiles y uno de ellos me coincide en los horarios. ¿Vos te animas a reemplazarme? Y sí, le digo. Toda una fresca yo. Hizo bien Javier Portales en ponerme fresco y batata, porque realmente una fresca total. Yo había desfilado solamente en San Juan.

—No te achicaste nunca.
—No. Pero viste que siempre fui segura de mi misma, que creo que esa es una ley del ser humano. Más allá de que todo te avasalle, esa energía, ese coraje, esa fortaleza no hay que abandonarlo jamás, porque creo que Dios te va a poniendo palos. Dios o quien sea…

—Dios no, pero los demás se hacen cargo.
—Eso. Bueno… le dije sí voy. Susana me dice, es el hotel Sheraton, es un desfile de modas, de mallas. Llego al hotel donde estaban todas las recontra top y digo qué tal, buenas tardes y nadie me contestó porque son unas pelotudas.

—Esta es Beatriz Salomón…
—Sí, al pan pan y al vino, vino. Bueno… fui al perchero que decía Susana Romero, estaba la dueña de las mallas y me dice: ¿y usted quién es? Le digo, soy Beatriz Salomón vengo en reemplazo de Susana Romero… Se armó un quilombo. Le digo, me dijo Susana que yo podía pasar a lo que la mujer dijo ¿pero quién sos vos? Tratándome como si yo fuera una basura. No sé señora, si usted quiere me pruebo una malla. A ver, ponete esto. Me puse la malla y me quedaba exacta. Todo el perchero me quedó exacto y me dice está bien, desfilá. Salí a la pasarela y en esa época las modelos eran serias con cara de tuje, que nadie se sonreía.

—Y vos con tu personalidad, me imagino…
—Yo salí riéndome. Estaba contenta, estaba feliz. Te imaginás lo que era, estaba todo lleno. Me llevé todos los aplausos y desde ahí no paré de laburar

—Fue el comienzo de una carrera que llegaste a estar con el cómico más importante. Hemos tenido a Luis Sandrini, Nahir, Pepe Biondi, pero Olmedo fue Olmedo.
—Olmedo fue Olmedo y sigue siendo Olmedo.

—¿Cuándo comenzaste con él?
—Yo trabajé con él los últimos cuatro o cinco años de su vida, lamentablemente. Porque tiene una carrera tan basta, tan importante que me hubiera encantado haber empezado antes con él. Yo fui modelo publicitaria, hice como cincuenta cortos comerciales, donde fui elegida la modelo del año por cigarrillos Parisiens, esa publicidad que yo salía de blanco con una capelina. El fotógrafo me sacaba fotos en blanco y negro y decía “oh la la Paris”. Después me fui a Europa porque estaban eligiendo una cara nueva, me contrata para hacer San Pablo, Nueva York, París y estuve más de un año afuera. Cuando regreso, me invitan al programa de Mirtha Legrand y desde ahí no paré de trabajar otra vez.

—¿Qué hiciste en esa época?
—Me llamaron, que mucha gente no lo sabe, para trabajar con Tato Bores en Telefe. En ese momento, teníamos que hacer una entrevista, donde Tato iba corriendo en sus patines con el pelucón y el habano, ese frack que usaba, y las demás chicas entre las que también estaba Isabel y yo, no hablábamos y corríamos detrás de él, así comencé yo.

—¿Cuál fue el siguiente paso?
—Ahí trabajaba Javier Portales, que fue un súper hombre, divino, talentoso, humilde, una persona tan amorosa y tan generosa que cuando termina ese ciclo me dice “¿te gustaría seguir trabajando en televisión, pero tener texto?” Sí, le digo. El comenzó a hacer una comedia con Georgina Barbarrosa, Luisa Albinoni y yo en Canal 9, donde salía en bikini.

—¿Cuál era tu papel?
—Georgina Barbarrosa, que todavía no era conductora de televisión, pero que siempre fue comediante, se ponía una malla entera y me hacía de goma. Me decía: pero esta flaca que tiene menos carne que una bicicleta… me decía todas estas cosas y nos reíamos la dos, y nos salía un sketch muy gracioso. Cuando termina todo esto, Javier Portales me dice: “mirá Alberto Olmedo y Hugo Sofovich están buscando las nuevas chicas Olmedo y como ya te han visto en televisión te quieren contratar”.

—Ahí entraste.
—Fui a la entrevista. Me temblaba todo, el pelo, las rodillas. Te imaginás que para mí, Alberto Olmedo, como lo sigue siendo para todo el mundo, era lo más.

—¿Ahí ya habías hecho la otra cirugía?
—No. Todavía no. Olmedo era un tipo tan tranquilo. Me dijo: “¿Qué hacés negrita? ¿Así que sos sanjuanina?”. Y Hugo Sofovich también, un amor, nada que ver con el hermano. Ahí quedé tomada. Empecé cine, teatro, televisión, giras, hice la publicidad de la Lotería de La Rioja, hicimos como 45 o 50 puntos de rating. Fue bárbaro y gané realmente dinero, le pude regalar un departamento bárbaro a mis viejos; me compré un departamento, tenía un Mercedes Benz. Pero he laburado mucho. En mi casa, mamá y papá tenían una foto mía en el living, la saludaban, “hola, cómo te va”. Yo salía muy temprano y volvía a las 5 o 6 de la mañana.

—¿Te llevaste tus padres a Buenos Aires?
—Sí. Con Isabel estuvimos viviendo solamente un año solas. En la actualidad todavía viven con nosotras allá. La verdad que trabajar con Alberto Olmedo, y lo voy a seguir diciendo, yo soy lo que soy gracias a él porque fue un gran maestro, un formador de comediantes, de vedettes, era un tipo que te enseñaba. No como ahora todos estos tipos nuevos que tenés que mostrar el culo, la teta y después si no transás, pasillo y calle. No, este tipo era respetuoso. Le gustaban las mujeres, no era puto, perdón si quieren vayan cortando todo… Yo soy así, me tomas o me dejas. Estoy acostumbrada a pelear con todos estos sátrapas allá en Buenos Aires, te imaginás.

—Fueron subidas y bajadas, no es camino fácil.
—No. Tenés que trabajar, trabajar, tenés que estar flaca, musculosa, joven, radiante, alegre, pase lo que pase, porque a nadie le importa lo que a vos te pasa. Anoche fui a trabajar a una parrilla y me dijo un mozo: me gusta más con rulos. Me hizo sentir para la mierda.

—Todo el mundo tiene derecho a opinar.
—Me encantó. La gente quiere lo que uno vende en televisión. Me ha pasado, que a veces yo he tenido un problema personal grave o jodido, me he subido a un taxi, de zapatilla, cara lavada y anteojos grandes y me sacan siempre por la voz, porque dice la gente que tengo una voz rara, entonces me dicen “usted es Beatriz Salomón”. Sí, soy yo. Yo iba seria o tal vez iba llorando entonces veía al taxista que me miraba con cara rara, porque espera ver a la de la pantalla.

—Y, somos humanos.
—Así es. A veces me falta plata, a veces debo las expensas, a veces se me enferma una nena, y a veces me caga como me cagó el pelotudo con el que me casé y entonces me pasan cosas…

—¿Unica vez que te casaste?
—Gracias a Dios. Porque esto es la vida.

—¿Tuviste otras parejas así de fuertes?
— No. He tenido amigovios, que tendría que haber seguido con esas historia. Pero a veces el mandato familiar también te caga la vida. Esto que te dicen, que hay que ser bueno porque vienen los reyes magos, porque el príncipe azul, tenés que seguir a tu marido pase lo que pase. Toda esa pelotudés que te dicen, que no es cierto.

—Y te distes cuenta de la peor manera.
—Cuando me pasó lo que me pasó y me di cuenta que era una fantasía solamente y que me habían arruinado la vida, tomé conciencia que la mujer tiene que ser fuerte y que tiene que ser corajuda y salir adelante, sobre todo con mis hijas. Esto es recíproco. Ellas me salvaron a mí y yo las salvé a ellas.

—Sin duda. No tuviste hijos y estas dos nenas que fueron adoptadas te llenaron de amor.
—Son mis hijas. Son mis hijas del corazón.

—¿Llevan el apellido de tu ex marido?
—Lamentablemente sí. Son Ferriols Salomón, pero bueno.

—¿Se preocupa él por ellas?
—No es buen padre. Pasa una cuota alimentaria mínima, pero es una anécdota más. Siempre me pregunto que, si el precio que tenía que pagar para tener estas dos niñas divinas era casarme con este infeliz, bien lo pagué. Y bien pago.

—Nada de prejuicios.
—No. Las crio, a veces soy permisiva porque tienen una habitación grande con juguetes, con muñecas que caminan, que hablan, lloran… A veces no quieren ir al colegio y les digo sí quédense.

—¿Qué no harías de lo que hiciste?
—Lo único que cuando conocí a este pelotudo, haber seguido el camino (risas), nada más. Lo demás está todo bien. Sigo siendo la mujer auténtica, frontal, a veces peco de decir las cosas de frente y eso no siempre es bueno en el mundo que vivimos, pero bueno… porque de última, bueno que se la banque. Yo le dije lo que sentía y me saqué esto del estómago, del corazón, del alma si no eso también te provoca cáncer.

—Todas las angustias que tragamos, de todas maneras explotan. ¿Cuesta conseguir trabajo después de los 30?
—No. No después de los 30, si no Moria Casán que tiene como 65 y está loca como un plumero… porque está mal esa señora ¿no? A mí se me cercenó un poco la carrera por haber salido a defender el pan de mis hijas y al haber defendido al que en ese momento era mi marido y que hasta último momento creí en él.

—¿Hasta cuándo creíste en él?
—Cuando fui a ver la cámara oculta completa, me destruyó la vida. Yo siempre digo que soy una persona tremendamente fuerte porque esto no es para cualquiera porque me hizo caer 300 metros bajo tierra y volví a salir.

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