Sábado, 25 de Enero de 2020      

Monir Madcur: "La felicidad de la vida uno la construye en el lugar que le toque"

Monir Madcur fue entrevistado a fines de 2017 por Juan Carlos Bataller, para el ciclo Qué hiciste con tu vida

Por:
Juan Carlos Bataller

Video de la entrevista realizada a Monir Madcur, por Juan Carlos Bataller para el ciclo Qué hiciste con tu vida, en septiembre de 2017

Caricatura de Monir Madcur, realizada por Lucho Velazquez
-Comencemos hablando de aquellos inmigrantes que llegaron un día a la Argentina. ¿Eran Madcur de apellido?
-Sí. Madcur y después encontré uno que fue embajador del Líbano en Argentina hace quince años que era Handem, que es del mismo pueblo, y que son Handem Madcur o Madcur Handem. En el Líbano la capital es Beirut, ciudad internacional, históricamente llamada “la Suiza del Medio Oriente” y tiene distintas localidades, al norte y sur. Mi padre vino del sur y mi madre del norte.

-¿Cómo vienen ellos?
-Después de la Primera Guerra Mundial, si bien el Líbano no entró directamente en la guerra, sintió todos los efectos negativos. En el gobierno los administraba Turquía, por eso en los documentos, los pasaportes, todo decía Gobierno Turco y por eso aquí les dicen turcos, era el Imperio Otomano. La situación que pasaron fue de hambre y de miseria.

El padre de mi padre se vino en 1910, ya había tenido dos hijas y mi abuela estaba embarazada de mi padre, o sea que él no lo conoció. Se vino a Buenos Aires, se instaló en el microcentro actual, él tenía el oficio de carpintero y puso una fábrica de espejos y una de muebles, en calle Paraguay y Esmeralda. Hoy es un lugar muy codiciado. Eso fue en 1910. Después de que pasó la guerra toda la situación económica de esos países hizo que se produjera mucha inmigración, se fueron a Norteamérica, a Sudamérica.
Mi abuelo hace que vengan mi abuela con los tres hijos y hacen un trayecto desde el Líbano hasta Siria llevando tres camellos. En uno llevaban las cosas, en otro los niños y en otro iba mi abuela. Son historias muy hermosas, pero me imagino el sacrificio de todo eso. Cuando vinieron llegaron a Buenos Aires, mi padre se quedó con sus padres ahí, estuvo 5 o 6 años y fue a la primaria. Después por una cuestión de relación con otros paisanos se vinieron a Caucete.

-En el caso de los libaneses tenían no solo un idioma sino también una escritura distinta o sea que venían, eran muy jóvenes y casi a ciegas.
-Como decimos acá “una mano atrás y otra adelante” y realmente hay que destacar que la Argentina tenía una política de inmigración porque les dio ubicación, los mismos derechos que a los habitantes nativos y les permitió que ellos devolvieran con su trabajo, esfuerzo y su cariño todo lo que habían recibido. Son eternos agradecidos, tanto que mi padre nunca quiso volver al Líbano. Creía que la Argentina era su destino definitivo al punto que se preocupó por aprender a hablar bien el castellano. Lo hablaba perfecto y eso que vino cuando tenía diez años. No tenía una tonada, él se consideraba argentino. Es muy importante la forma en la que tomaron este país. Creo que ahí vino la retribución, lo que Argentina les permitió y lo que ellos le devolvieron: el esfuerzo, el trabajo, el progreso y se quedaron como argentinos, de los más orgullosos.

-¿Y cuántos eran los Madcur que llegaron acá?
Monir Madcur con su nieto “El Tata y el Monircito”
-Mi abuelo tenía tres hijos, dos mujeres mayores que mi padre y mi padre. Después vinieron otros Madcur pero se casaron entre sí. Eran familias muy cercanas, al punto que un primo de mi padre se casó con una de sus hermanas, no es una familia muy extendida. La familia de mi madre es de apellido Quintar. Otro embajador que estuvo desde 1995 hasta 2001 en Argentina casualmente era del mismo pueblo de mi madre, nos alcanzamos a conocer aquí. Ellos tuvieron una predisposición a entregar todo lo mejor que tenían.

-¿A qué se dedicó tu papá acá?
-Mi padre había empezado a estudiar Ciencias Económicas y cuando se instaló en Caucete, habrá tenido unos 18 años, empezó a trabajar en una bodega de otro paisano, de Ahún. Ahí siguió estudiando contabilidad por correspondencia. Impresionante, porque adquirió todos los conocimientos durante dos o tres años.

Después como estaba en el tema vitivinícola se animó y alquiló una bodega de un amigo, Goransky, en 25 de Mayo, que tenía una casita a la que se fue a vivir. Y ahí nací yo al poco tiempo de llegar al lugar, después nació una hermana menor. Somos cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, dos nacidos en Caucete y los otros dos en 25 de Mayo. Ahí empezó a trabajar en la vitivinicultura y creció porque fue muy grande el esfuerzo.

-¿Cuánto creció?
-Construyó dos ampliaciones de la bodega. Con el tiempo, en 30 años, llegó a vender 2 millones de litros de vino por mes, pero en la forma en que se vendía en aquel momento. Se vendía a las plantas fraccionadoras que había en las grandes ciudades. Nosotros llegamos a tener 3, una en Córdoba, otra en Santa Fe y en Buenos Aires. Se mandaba todo el vino a granel, generalmente por ferrocarril, en tanques, se fraccionaba en las zonas de destino y se vendía. La producción de uva era muy pequeña pero la bodega si pasó a ser importante. Él formó parte de la Cámara de Bodegueros y tuvo una gran actuación también en el medio empresario.

-Y salió el hijo ingeniero.
-Y si el hijo ingeniero porque mi hermano mayor era enólogo, Chakib, que falleció hace 15 años. Mi hermana mayor es profesora y yo fui a estudiar ingeniería porque dos enólogos era mucho para una bodega chica.

-A todo esto ¿seguían en Caucete?
-Después del terremoto de 1944, que rompió muchos edificios allá en 25 de Mayo, también se cayó la escuela donde íbamos nosotros. Nos trasladaron a otra escuela no tan cercana pero mis dos hermanos mayores ya empezaron a venir al secundario y viajaban todos los días en ómnibus. Eran dos horas de ida y dos de vuelta; venía por Caucete y Alto de Sierra. Iban al Colegio Nacional y al Liceo de Señoritas.
Con el terremoto surgieron los grandes préstamos hipotecarios, accesibles, y mi padre compró un terreno en calle Córdoba y Tucumán, cerca del colegio donde iban mis hermanos y construyó la casa. En el año 1948 ya nos vinimos a vivir a San Juan, ahí terminé la primaria en la Escuela del Carril.

-Eran una típica familia de inmigrantes…
-Hay un par de anécdotas interesantes. Cuando mi padre iba a la escuela primaria sabía muy poco el español. Un día le dijo a su madre “me parece que es medio burra la maestra”, “por qué hijo”, “y porque no sabe hablar el árabe”, eso era en Buenos Aires. La mentalidad hasta que se adaptaron al país.

La otra anécdota es que yo terminé la escuela primaria muy joven porque mi hermano, que era dos años mayor que yo, empezó a ir y como yo no iba a ir a la escuela. Me mandaron como oyente en 25 de Mayo y parece que entendí porque las neuronas andan bien a los 3 o 4 años. A los 4 años empecé la primaria y ya seguí, a tal punto que salí con 10 años de la primaria e ingresé a la Escuela Industrial.

-Empiezo a repasar la historia de tu vida y has hecho de todo. La primera vez que tuve conocimiento del apellido Madcur no fue a través de la actividad empresarial, fue porque tenías un programa en Radio Colón donde hablabas de la cultura árabe.
-“La voz árabe de San Juan” con tres o cuatro amigos, el doctor Medawar, un tío, mi padre. Hicimos un programa semanal, creo que era media hora, los sábados después del mediodía, durante 18 años. Se decían noticias del mundo árabe y de los árabes en Argentina. Había un pedacito del programa que se hablaba en árabe; lo hablaban mis tíos y mis padres. Fue muy simpático. Yo me encargaba de las noticias y las leíamos ahí.

-¿Cómo era la vida, la escuela de un chico que tenía una cultura más cercana a lo árabe?
-Primero creo que hay que encuadrarlo en la forma en la que se vivía antes, con una escala de valores morales muy importante. La familia era muy importante, el respeto, lo que decían los padres, los hijos siempre tenían que atender un poco el orden, la disciplina, la moral. En ese sentido creo que se pudo convivir perfectamente con la cultura árabe que se traía y la necesidad y el espíritu de integrarse al ambiente que fue hablar bien el español, compartir muchas cosas, que se han venido a quedar, no estaban de paso.

-En el caso de los árabes realmente fue un aporte grande en cuanto a comida, tradiciones.
-Sí, muchas cosas, respetando lo local. Es como un perfeccionamiento de lo local. Dentro de esa forma, de esa disciplina de vivir y convivir, uno tiene tiempo de hacer muchas cosas: estudiar, hacer algún deporte, alguna cuestión cultural, musical sobre todo, que siempre ha sido parte de la familia, al punto que hoy del montón de nietos que tengo prácticamente todos van a la Escuela de Música. Los hijos también fueron un par de años porque yo entiendo que a los jóvenes, más en esta época tan complicada, tan revolucionada tecnológicamente, hay que darles una salida espiritual y cultural: el deporte, la música, que para mí es muy importante, y por supuesto todo lo que es la formación general.

-¿Qué instrumento tocás?
-Yo toco de oído porque fui a estudiar violín cuando tenía once años con el profesor Pericás que pertenecía a la Orquesta Sinfónica. En la tercera clase le pregunté al profesor cuánto tiempo necesitaba para tocar bien el violín y me dijo: “unos diez o quince años”. Entonces no estudié más clases teóricas pero tenía buen oído y tengo buen oído musical. Mi hermana menor fue a estudiar piano con la hija de este profesor, que eran vecinos, y cuando avanzó un par de años mi padre le compró un piano. Entonces yo me puse a tocar, sacaba cosas y al final tocaba mejor que mi hermana pero tocaba de oído. No sé lectura musical. Y ahí quedó un clima musical en la familia que se extiende en el tiempo.

-Aparte siempre tuviste un registro de barítono, ¿no?
-Sí, cantamos, tocamos la guitarra, hemos hecho muchas cosas muy lindas con la música.

-Hay gente que parece que se especializara “yo soy esto en la vida” y no lo sacan de ahí. Pero vos armaste una familia, numerosa, fuiste empresario siempre, pero no dejaste nunca de lado la actividad pública en cualquiera de sus formas.
-Sí, yo creo que uno cuando tiene interés en integrarse al ambiente, más allá de los estudios, pudimos hacer varias cosas. A tal punto que fui funcionario público después de recibido de ingeniero, fui director de Vialidad Provincial dos años y medio. Después en un cambio de gobierno, con Carlos Gómez Centurión como gobernador, me pidió que lo acompañara en el área económica. Fui secretario de Producción, Industria y Comercio y ahí estuvimos un par de años más hasta que hubo otro tipo de normalización cuando vinieron las elecciones de 1973.

-¿Y el empresario cuando aparece?
- Por ser ingeniero fundé una empresa constructora en el año 1975. Realmente nos fue muy bien porque crecimos, construimos cerca de 5.000 viviendas en 35 años, unos 200 kilómetros de camino pavimentado, 3 hospitales, 40 escuelas, los estadios. Hicimos muchas obras. Eso también nos permitió armar un equipo de gente, ingenieros, arquitectos, contadores, que funcionaba muy bien porque asumieron el papel que les correspondía, se pudieron hacer cosas y eso te da otras oportunidades. Por ejemplo, el tema de las comunicaciones. En el año 1982 nos presentamos con un amigo, licitamos y ganamos las líneas de la televisión por cable que en ese momento estaba muy bien. Fundamos TVO, en mi oficina, con mi domicilio y al poco tiempo tuvimos que vendérselo a don Francisco Montes.

-Con Ricardo Basualdo una parte de la vida la hicieron juntos, crearon un partido político.
-Creamos Acción Solidaria. Ese antecedente hizo que después yo fundara la Fundación Mediterránea en San Juan, una entidad empresaria nacida en Córdoba, donde el eje era Cavallo y los principales empresarios de allá, como el dueño original y fundador de Arcor, Pagani. Empresas muy importantes crearon la Fundación Mediterránea en Córdoba y después se extendió en el resto del país. Yo tuve la suerte de estar conectado y fundamos acá en San Juan.

-También hiciste la televisión por cable pero terminaste vendiendo tu parte. Y la privatización del Banco San Juan, también estuviste ahí y vendiste tu parte.
-También participamos un grupo de cinco empresas locales. Después hubo unos intercambios porque don Enrique Eskenazi quería tener mayoría y nos presionó. Algunos vendimos lamentablemente, sin necesidad, pero vendimos. Y él compró eso, más otra parte de la bolsa de Buenos Aires y cuando tuvo mayoría compró la mitad del Banco de Santa Cruz, con tan buena suerte que en ese momento Néstor Kirchner era gobernador de esa provincia. Se hicieron amigos y después de la crisis del 2001 – 2000, Kirchner pasa a ser presidente de la Nación y en la relación que tenía con él aprovechó la crisis bancaria y compró el Banco de Santa Fe, lo llamó el Nuevo Banco de Santa Fe, el Nuevo Banco de Entre Ríos y después una parte de YPF.

-Una parte de YPF en un negocio que nunca entendimos los argentinos.
-Nunca se supo bien cómo se pagó.

-Hay otra cosa que también me llamó la atención. Si hubiera sido en esta época seguramente estarías en unos famosos cuadernos, pero vos fuiste presidente de la Cámara Argentina de la Construcción. Es una entidad muy importante porque en la época de crisis sobre todo se recurre para redistribuir rápidamente el trabajo.
-Sí, la verdad es que el éxito empresario local me permitió inmediatamente, me invitaron y me afilié a la delegación local de la cámara. Me acuerdo que Doviansky fue quien me invitó, de la empresa Walter Melcher, una persona fantástica. Tuve una participación muy activa dentro de la cámara y eso me llevó a Buenos Aires y allá a los pocos años ya era miembro del directorio, del consejo ejecutivo de la Cámara. Después, la Cámara tenía era una mala relación con el gremio de la UOCRA y se habían desprendido diez años antes las 4 o 5 empresas más grandes del país y formaron otra Cámara paralela, que se llamaba Unión Argentina de la Construcción. No había cómo conciliar esos dos elementos, las grandes empresas y el gremio. Pensaban que yo podía ser una persona de conciliación y era la primera vez, y no volvió a pasar, que un miembro del interior pasaba a ser presidente. Efectivamente fui un par de años vicepresidente y me pidieron si podía ser presidente desde 1991 y durante cinco años. Conseguimos unificar a las empresas y mejorar totalmente, y hasta ahora sigue una muy buena relación con el gremio de la construcción, la UOCRA.

-Ahora generalmente la Cámara Argentina de la Construcción, los constructores en general, terminan muy ligados con los gobiernos de turno, ¿no?
-Hay dos partes fundamentales, quienes hacen obra pública y quienes hacen obra privada. Sí uno, lamentablemente, tiene que reconocer que en los últimos años se acentuó algo que en otros países se llama lobby. Es acotado, un regalo que lo hicimos todos, una caja de vino a fin de año para los funcionarios.

-Es algo transparente.
-Es otra cosa, totalmente transparente. Pero acá empezó una etapa muy complicada en donde era muy difícil competir, se seleccionaban las empresas y se hacían los grupitos. Lo estamos viendo diariamente y para uno es una vergüenza, tanto que yo en este momento estoy hablando con muchas empresas más para ver si recuperamos un poco el prestigio de la Cámara porque se ha perdido, ha quedado totalmente comprometida. Yo soy presidente honorario desde el año 2006, el único presidente honorario que tiene la Cámara en el país, lo cual es un orgullo por supuesto. Eso me da un lugar y sigo asistiendo a las reuniones mensuales del consejo ejecutivo.

-Vamos a tratar de reencauzar un poco la charla. Un día te casaste, armaste tu familia.
-Sí, conocí a una maestra muy jovencita que vivía en Concepción en una fiesta que pasamos con un amigo, de esas fiestas escolares. Mantuvimos una relación, nos casamos, tuvimos seis hijos que son realmente un orgullo para nosotros, cuatro varones y dos mujeres. Ella es muy buena madre. Mis hijos hicieron de todo, son profesionales, algunos más exitosos que otros pero muy buenos hijos, buenas personas, son personas decentes. Y eso a uno le da una satisfacción muy grande. Ellos también han entrado en su etapa normal, natural y tienen unos cuantos hijos. Tenemos 16 nietos. Les gusta la música, son buenos alumnos, son cariñosos.

-Vos hablaste de la música, pero otra cosa ligada a los Madcur, además de la música, son los caballos. En la hípica tuvieron actuación también.
-Muchísima participación. Fijate que una vez en una finca mi hijo mayor había ido a andar a caballo, se le disparó y se cayó. Entonces dije “no puede ser, tiene que aprender. Así como aprendió música tiene que aprender a andar a caballo”. Voy al hípico y acababa de venir Ricardo Yacante, un sanjuanino que estuvo en Buenos Aires y después vino a San Juan, que había puesto una escuela de equitación. Así que entramos ahí, todos los varones hicieron equitación con distintas suertes. El tercer hijo varón, Leonardo, fue el que tuvo la mejor suerte en cuanto a tener el mejor caballo. Después tuvimos un haras y criamos caballos, lo cual es un pésimo negocio pero es una satisfacción.

-Vos mencionaste a Leonardo, él también tuvo actuación pública y en una etapa difícil para el país, le tocó negociar con bastante éxito junto al equipo de Lavagna.
-Fue prácticamente el que escribió la letra chica de la negociación de la deuda. Él salió del ministerio con una mano atrás y otra adelante, hablando de las cuestiones de los funcionarios, y fue de tal confianza que lo querían nombrar representante argentino ante el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y demás pero bueno, él se quedó trabajando. Es de perfil bajo pero de una inteligencia extraordinaria. Hay que reconocer que él es el que hizo la letra chica de la deuda. Lavagna confiaba absolutamente en él y él hizo cincuenta viajes al exterior, la mayoría con Lavagna, en la negociación de la deuda. Fue un papel fantástico. Algún día el país le reconocerá a él ese trabajo, donde se ahorró 52 mil millones de dólares el país, no muy elegantemente pero era la única forma de salir del default.

-Monir, algo que por ahí llama la atención. Ese espíritu de los inmigrantes, que se prolongó en la generación argentina nacida acá, es como que de pronto se desinfló.
-Bueno, yo tengo la misma inquietud. Precisamente le preguntaba a la rectora de la Universidad Católica, una vez en el aeropuerto. La Argentina fue en la primera mitad del siglo pasado un país fantástico, creció de la mano del crisol de razas, fue ganadora de la guerra mundial entre comillas porque no tuvo nada roto, no tuvo muertos, estaba llena de oro por la venta de alimentos, teníamos muy buen índice de alfabetización, éramos octava economía del mundo. ¿Qué pasó?, ¿dónde está Argentina, la envidia del mundo? Y me dijo “no sé, hubo unas cuestiones políticas que se dedicaron más que nada a otorgar derechos y se olvidaron de las obligaciones”. Entonces todavía estamos padeciendo esta cuestión de que todos tienen derechos y nadie tiene obligaciones...

-Vamos llegando ya al final. El programa se llama “¿Qué hiciste con tu vida?” Es casi un libro en tu caso pero, ¿has sido feliz?
-Y sí, yo creo que sí. No hay una escala matemática para medir la felicidad. Tiene momentos, la felicidad tiene apreciaciones personales pero creo que sí. De acuerdo a la escala de valores que uno mamó en la primera mitad del siglo pasado, que es la moral, la familia, el trabajo, el esfuerzo, yo he logrado ir haciendo todo eso. He tenido la suerte de que se me han dado también algunas oportunidades, he podido diversificar la cuestión empresaria, en algunas partes minera, la parte turística, la agrícola, la construcción. Entonces, si uno ve que se están realizando muchos sueños y ambiciones, porque se han dado las oportunidades y también porque uno ha hecho su aporte, entonces tiene que decir que es feliz.

-¿Extrañás a alguien? ¿Alguien con quien te gustaría hablar si pudieras volver atrás?
-Mi padre murió muy joven pero era un interlocutor fantástico. Murió de 59 años. Pobrecito, iba a una cirugía, le hizo mal la anestesia y murió. Mi madre murió a los 91 años y se podía hablar con ella de las cosas simples pero profundas. Y mirá, es tanto que durante treinta años he viajado tres a cuatro veces mensuales a Buenos Aires, docenas de viaje al exterior.

-Casi sos socio de las aerolíneas.
-Fijate que una de las cosas que puede marcar la felicidad fue que decidí no quedarme a vivir en Buenos Aires, no obstante tener a dónde y tener motivos y muchas posibilidades de mayor éxito económico que acá. Sin embargo preferí quedarnos acá, tal vez porque yo le reclamaba a mi padre, un poco en chiste que por qué se bajó del tren cuando terminó la línea. Podría haberse bajado en Brasil cuando el barco paró allá o en la pampa húmeda, pero llegaron acá al desierto. ¿Qué quiere decir? Que la felicidad de la vida uno la construye en el lugar que le toque.

-Te gusta la música.
-Sí, muchísimo.

-Hacé de cuenta que termina el programa y nos despedimos con una canción. ¿Cuál sería tu fondo musical?
-Hay unas últimas canciones de Mario Álvarez Quiroga con letra de autores españoles. No recuerdo los nombres ahora. Hay dos o tres, fantásticas, que hay que escucharlas porque tienen unos mensajes fantásticos. Las letras son de hace un siglo pero acá en San Juan tenemos temas muy lindos. “Volveré siempre a San Juan” podría ser, ¿no?


Cómo lo vi

Monir Madcur junto a Juan Carlos Bataller
Si hay alguien difícil de encasillar ese es Monir Madcur.
Su vida es una constante de trabajo y superación personal.
La pregunta que se hace quien lo entrevista es si Monir es un hombre público del pasado o un adelantado del futuro.
Es producto de una etapa de la vida del país o se adelantó a su tiempo.
En un mundo globalizado todos los estereotipos están en revisión. Por eso la charla con Madcur adquiere una dimensión distinta, destrozando encasillamientos y especializaciones.
Hijo de un inmigrante libanés su vida es un largo recorrido que comienza en su Caucete natal y lo lleva por distintos cargos en entidades, organismos y empresas de los más variados ámbitos.
En síntesis, un remador que estuvo en muchos frentes y que supo ganar y perder sin perder su estilo.
Por eso, charlar con él es un privilegio y preguntarle qué hiciste con tu vida es casi, casi, un exceso.
JCB

El Perfil psicografológico de Monir Madcur
Por Elizabeth Martínez – Grafoanalista

El perfil psicografológico de Monir Madcur. Por Elizabeth Martínez Grafoanalista
»» Escritura con dirección levemente ascendente lo cual revelaría una actitud que optimista, propio de una persona que tiende al éxito, que tiene fuerza y motivación.
»» El margen izquierdo posee una correcta dimensión, mostrando extroversión, iniciativa, sociabilidad. Se presentan indicadores de orden y meticulosidad, así como también posibles esfuerzos por distinguirse.
»» Se presentan rasgos gráficos que manifiestan autonomía e independencia de criterio.
»» El tamaño de las letras es normal, denotando buen nivel de autoestima. Por lo tanto es una persona consciente de sus debilidades y fortalezas. Se observa una expansión moderada, espontaneidad.
»» Se visualiza un elevado caudal de energía vital, persona con fuerza, entusiasmo, motivación, perseverancia, que tiende a defender de forma sostenida su cuerpo de ideas. Se presenta buen nivel de energía psicofísica, fortaleza.
»» La inclinación de los trazos manifiesta equilibrio entre la razón y el sentimiento. Se observan rasgos de madurez de criterio y capacidad para llegar a la síntesis con equilibrio.
»» Sencillez y autoestima controlada.
»» Se detectan indicadores de necesidad de logros concretos, pudiendo haber prudencia y conductas elaboradas en defensa de su propia persona.






Monir Madcur en 1971 en el Ministerio de Agricultura
En esta foto de 1991, está Monir Madcur y su familia:, Amir, Lucia , Leonardo, Fabiana, Wadi, Monir (hijo), y su esposa Alicia Carrozzo de Madcur.
En su quincho en Rawson, Monir Madcur recibió la visita de Palito Ortega. Lo acompaña Jorge Alberto Escobar y Antonio Gómez
Monir junto a su madre Zain Quintar de Madcur, en 1998
En el 2017, Monir Madcur recibió la distinción como Vecino Ilustre de la Municipalidad de San Juan

El artículo fue publicado en La Pericana el viernes 15 de marzo de 2019.



El 25 de enero de 1997 asesinan al reportero gráfico argentino José Luis Cabezas.
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