Domingo, 15 de Septiembre de 2019      

Las veces que San Martín estuvo en San Juan

Por:
Fernando Mó

Una estatua de San Martín recuerda su presencia en los patios del Convento de Santo Domingo.
En 1815 José de San Martín preparaba desde Mendoza su campaña libertadora. Era Gobernador Intendente de Cuyo y en esa función visitó nuestra provincia. El doctor Fernando Mó analiza las razones de esos viajes.

Los historiadores no están de acuerdo en cuanto al número de visitas que realizó San Martin a San Juan; la mayoría opina que viajó dos veces, en mayo y julio de 1815.
Fundan sus aseveraciones esencialmente en el despacho del 24 de mayo de 1815 donde informa “al muy ilustre Cabildo, justicia y regimiento de Mendoza que esa noche partía para San Juan” y en la comunicación de la misma fecha al director interino José Ignacio Alvarez Thomas, expresándole que de inmediato partiría para San Juan.
Es necesario analizar los antecedentes directos que predispusieron al gobernador intendente a realizar el primer viaje.
La celda del Convento de Santo Domingo en la que pernoctó José de San Martín.

El relato documental que hace el ingeniero Augusto Landa en su obra “doctor José Ignacio de la Roza — Teniente Gobernador de San Juan”, ha aportado mucha luz respecto de la cuestión que nos ocupa.
En efecto, el director Carlos María de Alvear, enemigo tradicional de San Martín, lo había obligado a renunciar al cargo de gobernador intendente de Cuyo, con gran disconformidad del pueblo de Mendoza. Pero, a su vez, producida la sublevación de Fontezuelas, Ignacio Alvarez Thomas destituye a Alvear haciéndose nombrar director supremo interino; producido este acontecimiento las autoridades nacionales reconsideran la situación de San Martín quien acepta la designación del nuevo director.
El cabildo de San Juan adhiere a la actitud de Alvarez Thomas y depone al teniente gobernador Manuel Corvalán, produciendo la designación del doctor José Ignacio de la Roza según el acta del 26 de abril de 1815; pero el vecindario va más allá, tomando una medida de gran trascendencia que declaraba la separación de San Juan del gobierno de Mendoza, proclamando, prácticamente, la autonomía provincial.
El 2 de mayo de 1815 el cabildo sanjuanino orientado por de la Roza, revoca tal separación y aprueba el nombramiento del general José Rondeau como director supremo y, como suplente, al coronel Ignacio Alvarez Thomas, quienes habían confirmado en su cargo de gobernador intendente de Cuyo al coronel mayor don José de San Martín.
No obstante en San Juan continuaba un estado de inquietud alarmante, circunstancia que decide a de la Roza, solicitar al gobernador intendente el envío de tropas para guardar el orden. Al efecto, le escribe según la documentación citada por Landa:
“Nada puedo hacer si V.S. no nos manda alguna fuerza; el pueblo ha visto lo que él puede y no conoce lo que debe”.
San Martín comprende la gravedad de la situación y envía de inmediato, la primera compañía del regimiento N° 8, (23-5-1815) resolviendo trasladarse a San Juan al día siguiente, para ello cursa las comunicaciones pertinentes al cabildo y al director Alvarez Thomas como ya hemos referido.
En la comunicación al cabildo expresa: “Solo la presente situación del pueblo de San Juan que exige imperiosamente mi presencia, sin pérdida de momentos, me puede privar del dulce placer de felicitar a VE. y a este noble y virtuoso pueblo, el día grande de nuestra regeneración política (25 de mayo de 1810). V.S. que penetra bien la necesidad de conservar el orden de los pueblos que abusando de su soberanía faltan a los mismos deberes que espontáneamente se impusieron, disculpará mi separación”.
Sala Capitular del Convento de Santo Domingo.

Al dirigirse a Alvarez Thomas agrega, lamentándose:
“Desengañémonos Exelentísimo Señor, la demasiada liberalidad con unos pueblos que acostumbrados a arrastrar las cadenas de la servidumbre, no conocen los límites que le prescribe el Estado de Libertad a que han pasado, no puede traernos sino consecuencias funestas”.
A pesarde tan importante documentación que glosamos se abrigan dudas que el viaje se realizara efectivamente; analizando la cuestión se reflexiona en el sentido que pudo ser suspendido, a último momento, sin darse publicidad al respecto.

9 de julio de 1815 (Segundo viaje)

No existen dudas que el 5 de julio de 1815, el gobernador intendente viajó a San Juan, llegando el 9 del mismo mes, como si esa fecha, dice César H. Guerrero, “anticipara una predicción, pues, no debe olvidarse que por la participación fecunda de dos sanjuaninos ilustres, Fray Justo Santa María de Oro y el doctor Francisco Narciso de Laprida, se declaró la independencia argentina el 9 de julio de 1816, en el Congreso de Tucumán”.
El arribo se produjo en últimas horas de la tarde sin registrarse boatos especiales, dado el espíritu austero del gran capitán.
Además el viajero, no deseando comprometerse con ninguna facción política de la época, decidió alojarse con su séquito, en el convento de los dominicos ubicado donde todavía existe, con las modificaciones realizadas. Entonces tenía entrada por la actual calle Mendoza donde se advierte el viejo algarrobo en el que los asistentes del gobernador ataron las cabalgaduras; tal vez fueron testigos, también, de esas escenas el olivo que ahora está fuera del recinto del convento, y la elevada palmera que aún puede observarse.
La recova que antecede al patio del Convento de Santo Domingo.
De inmediato pasó a ocupar la celda del canciller de la orden amoblada con un modestísimo catre, dos arcones y tres suillones tapizados, donde San Martín recibió a las autoridades y las demás visitas que concurrieron a presentarle sus saludos.
Quizás los frailes azorados, corrieron a tañer a vieja campana, vigía de la ciudad, la cual debió vibrar con repiques de gloria ante la llegada de tan notable visitante.
El convento tuvo después dos campanas con un vuelo de 1,60 y un metro respectivamente; la mayor fundida por el experto Antonio Morales en 1778, de gran experiencia en la materia, adquirida en Córdoba y Mendoza. La menor se fundió en 1831 durante el priorato de fray Antonio Balmaceda. Estas campanas colgadas en la torre del convento resistieron varios terremotos hasta que fueron sepultadas por los escombros ocasionados por el sismo de 1944. Recuperadas se colocaron en un caballete de madera pudiéndolas observar los visitantes; a la derecha, por la actual entrada de calle Laprida, también puede leerse la conocida frase de San Martín: “Estamos en la inmortal tierra de Cuyo donde todo se hace”. Un poco más adentro están las mencionadas campanas esperando el destino correspondiente, convertidas en custodias de la habitación que ocupara el libertador de medio continente. En el borde interior de la más grande se ha estampado el nombre REGINA SACRITISSIMI, y las iniciales F.L.P.H. del prior conventual de la época.
La celda data del siglo XVII conservando hasta hoy cuatro puertas y la ventana originarias que guardaron la intimidad del ilustre visitante; igualmente existe la sala capitular contigua murando al este, donde el prócer, tal vez, recibió las delegaciones más numerosas.
Las habitaciones del convento que se visitan con orgullo y devoción, han sido declaradas monumentos históricos nacionales por decreto 2756, el 23 de diciembre de 1980.
Las seis Rutas Sanmartinianas.
Un curioso cartapacio para anotaciones diarias, verdadera reliquia, conservado hasta hoy en el archivo conventual, da cuenta precisa de la llegada del gobernador intendente a la ciudad de los Jufré.
Son interesantes las constancias relacionadas con la comida que los dominicos sirvieron al huésped el día de su llegada. Fray Héctor Muñoz, prior, me ha mostrado los originales donde se puede leer: “Se gastó en la noche un real de arroz, un real de papas y medio en cabezas de cebolla. Este gasto se hace por llegar esta misma noche a parar al convento, el señor intendente de la Provincia San Martín trayendo dos compañeros, un ordenanza y tres sirvientes”. Se agrega que los gastos se triplicaron por la abundante leña gastada para hacer brazas, que calefaccionaban las habitaciones de los visitantes. Firma la documentación el fraile Eduardo Castro E., procurador del convento.

Objetivos del segundo viaje
a)
Políticos:
Apoyar la gestión del doctor José Ignacio de la Roza cuya capacidad, adhesión a la causa y hombría de bien ya eran conocidas.
Explicar a los magnates políticos de la época, la importancia de sus propósitos respecto de la independencia hispanoamericana. Intercambiar ideas con Fray Justo Santa María de Oro, electo diputado al Congreso de Tucumán y también con el doctor Francisco Narciso de Laprida cuya candidatura a diputado apoyó sin reticencias.
Hizo saber que todos los esclavos de 16 a 30 años quedaban en libertad por el solo hecho de incorporarse al ejército de Los Andes; esta resolución se cumplió no obstante las reservas de los amos que dejaron de percibir servicios gratuitos.
Recibió damas y caballeros de la sociedad sanjuanina a quienes agradeció las donaciones efectuadas para solventar exigencias del ejército en formación.

b) Económico – financieros.

Confirmó con energía, las máximas contribuciones impuestas a San Juan. Pidió hombres aptos y animales útiles, bronce, plomo, estaño y demás minerales para el parque de guerra de El Plumerillo cuya dirección había encargado a Fray Luis Beltrán sanjuanino de nacimiento, telas y cueros para confeccionar uniformes y frazadas, alimentos de larga duración como el charqui, oro, plata y piedras preciosas reducibles a dinero.
Respecto de fray Luis Beltrán, Damián Hudson en sus “recuerdos históricos sobre la provincia de Cuyo” dice: “Veíasele allí sobre cien fraguas ardiendo, en medio de cien yunques, que atronaban el aire a los golpes del martillo, de las limas y demás herramientas de la herrería y carpintería, como al dios Vulcano, agitado, inspirado, correr de un lado a otro, dando órdenes, enseñando prácticamente doscientos o trescientos trabajadores. Estaban su rostro y manos ennegrecidas del carbón, de la pólvora y del humo que recargaban aquella atmósfera. Su voz se había casi extinguido, a vuelta de tanto esforzarla para hacerse oir y en ese estado quedó ronco hasta el final de sus días.
Obtuvo que el cabildo propiciara nuevos impuestos cuyo monto total debía entregarse a las arcas de la causa libertadora. En este orden de cosas lo más importante fue la imposición de un peso por cada barril de vino y dos pesos por cada barril de aguardiente que se retirara de San Juan para otra región. Adviértese que en aquellos tiempos nuestra provincia era la mayor productora de agua ardiente ya que, Mendoza elaboraba casi únicamente vinos.

Los aportes de San Juan fueron muy importantes, con frecuencia superiores a sus fuerzas económicas, y pagaderos en tiempo muy reducido. El grueso de ellos se realizaron entre 1815 y 1820, no sólo para el ejército de Los Andes sino también, para la provisión de armas destinadas a la defensa de Buenos Aires en caso que la gran armada que se preparaba en Cádiz (España), atacara las costas de América hispana.

Hasta el 19 de agosto de 1816 las contribuciones en especies integraron:
1.176 mulas de silla, 849 mulas de carga, 832 caballos, 1.216 monturas completas, 604 cueros de carnero y 472 ponchos.
Mientras tanto la colecta de dinero alcanzó hasta el 8 de junio de 1815, a 14.242,60 reales sin contarse las contribuciones de Jáchal, realizadas por la Cuarta División de Cabot. En 1819 se llegó a la suma de 219.000 pesos.
Expresamos que los números mencionados están por debajo de la realidad; las constancias documentales de las cuentas aparecen inciertas y confusas.
A estos esfuerzos debe agregarse la ayuda específica de las mujeres sanjuaninas que se desprendieron de sus alhajas para ser comercializadas en Mendoza y Buenos Aires; muchas de las donantes de escasos recursos, contribuyeron con valores pequeños pero, no menos significativos.

Se recuerda con admiración una lista de 66 damas encabezadas por las dos hermanas del gobernador, doña Félix y doña Juana de la Roza. Cooperaron igualmente, con manualidades, de sabor agradable.
Todos estos sacrificios se cumplieron con generosidad y fervor patriótico; el jefe militar sabía pedir infundiendo adhesión a la causa de la independencia. Lo mismo sucedió en Mendoza y San Luis.

C - Estrictamente militares.
Visitó y alentó la maestranza militar que había organizado de la Roza con la ayuda de dos técnicos salteños: ingeniero Hilario Cabrera y don Manuel Grande a quienes el general felicitó, haciéndoles específicas recomendaciones respecto de la labor realizada. Ordenó que de inmediato cavaran trincheras en distintos lugares estratégicos para el caso de una posible invasión ultramontana.
Sugirió la organización inmediata de la cuarta división del ejército grande, para cuya jefatura designó al teniente coronel Juan Manuel Cabot; anticipó el consentimiento de los religiosos agustinos y dominicos para que las dependencias de los conventos sirvieran de sede de adiestramiento y cuartel general de los soldados que debían cruzar Los Andes por la ruta de Agua Negra, “boquete” de Guana, desembocando en Chile por La Serena, para tomar Coquimbo. La división Cabot, como se dio en llamarla, obtuvo su gran victoria en los llanos de Salala, precisamente el mismo día que San Martín triunfaba en Chacabuco (12-11-1817).
Pero existía además, un asunto de gran interés para San Martín, el conocimiento personal de los “boquetes” o pasos de la cordillera, que podían utilizarse tanto por la expedición libertadora como por los españoles de Osorio y sus “complotistas”, en caso que intentaran invadir el territorio de la naciente nación Argentina.

Después de otras entrevistas, puso fin a su estada en la ciudad de San Juan partiendo una mañana muy fría, acompañado por numerosos baquianos, el 14 de julio de 1815, luego de haber permanecido en nuestra ciudad casi cinco días; su regreso a Mendoza se realizó por el valle de Uspallata.

Los aportes de San Juan a la campaña de San Martín fueron enormes. Hasta el 19 de agosto de 1816 las contribuciones en especies integraron: 1.176 mulas de silla, 849 mulas de carga, 832 caballos, 1.216 monturas completas, 604 cueros de carnero y 472 ponchos.
Mientras tanto la colecta de dinero alcanzó hasta el 8 de junio de 1815, a 14.242,60 reales sin contarse las contribuciones de Jáchal, realizadas por la Cuarta División de Cabot. En 1819 se llegó a la suma de 219.000 pesos.

Expresamos que los números mencionados están por debajo de la realidad; las constancias documentales de las cuentas aparecen inciertas y confusas.
Facsimil del oficio de San Martín, de 9 de octubre de 1816, ordenando al teniente gobernador de San Juan se le envíen, por divisiones, los esclavos separados para que empiecen a disciplinarse. (Archivo Adm. e Histórico de San Juan).
Facsimil del oficio de San Martín, de 9 de octubre de 1816, ordenando al teniente gobernador de San Juan se le envíen, por divisiones, los esclavos separados para que empiecen a disciplinarse. (Archivo Adm. e Histórico de San Juan).


Dr. Fernando Mó: Abogado, escritor, historiador, el doctor Fernando Mó se destacó como un importante y polifacético hombre público. Esta nota forma parte de su libro Cosas de San Juan – Tomo V


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