Lunes, 23 de Septiembre de 2019      

La historia de "El Carrerito"

Felix Rocier Quiroz, carrero, murió allá por 1941, víctima de una equivocada venganza. Desde entonces es objeto de veneración por la gente en el oratorio ubicado en Chimbas, en el lugar donde murió. De este modo, El Carrerito pasó a ser uno de los tantos cultos populares de San Juan. La licenciada Olga Rodríguez de Moyano y el profesor Jorge Delgado, realizaron un trabajo de investigación que se sintetiza en esta nota.

Por: Olga Rodríguez de Moyano y Jorge Delgado

El santuario de "El Carrerito", ubicado en Chimbas y al que sus devotos suelen concurrir los lunes.
La faceta no ortodoxa de la religión la constituyen las supersticiones, las creencias y cultos populares. El pueblo sanjuanino es muy proclive a rendir culto a estas figuras, lo que no constituye un fenómeno aislado, porque están presentes en toda América Latina.
Las razones de estos cultos son diversas. Las hay históricas, puesto que el conquistador español fue muy devoto de santos y mártires y esto fue transmitido a la conquista y colonización de nuestro suelo. Además, la muerte violenta y algunos condicionantes de entorno generan estas devociones.
Surge así un fenómeno que los antropólogos denominan “canonizaciones populares”, las cuales tienen como objeto de culto personas que han sido canonizadas por el pueblo, sin la intervención de la Iglesia Católica.

En San Juan, la figura que ha cobrado mayor notoriedad es la “Difunta Correa”, cuyo culto se ha extendido en todo el territorio nacional y traspasado sus fronteras. Otras no tienen esa trascendencia, pero son importantes para los sanjuaninos, como el “Gaucho José Dolores”, algo así como un “Robin Hood” criollo y cuyo oratorio está en Rawson. También puede citarse al taxista Nicolás Caputo, asesinado en 1939 en Vallecito. En Calingasta existe el culto a “Nuestra Señora de Pachaco” (Margarita Lima), cuya joven vida terminó por un cruel engaño o “El ánima de Punta Negra” que se venera en Iglesia.
Otro culto popular es “El Carrerito” en el departamento Chimbas, de cuya historia nos ocuparemos en esta nota.

¿Quién era “El Carrerito”?

Félix Rocier Quiroz nació el 28 de noviembre de 1921 en Trinidad, en una humilde casa de la hoy calle Comandante Cabot al 500. Hijo natural de doña Paz Quiroz, que con amor y sólidos principios inculcó a sus 6 hijos, honestidad, voluntad y responsabilidad.

Tanto Félix como sus hermanos debieron trabajar desde niños para ayudar a su madre. Cuando ella le regaló un carro tracción a sangre, se inició como carrero. Tenía 15 años. Todos los días, antes que despuntara el alba, se iniciaba su rutina: ir al río San Juan, cargar ripio y llevarlo para su venta a la ciudad.
Sus años de sacrificio no le restaban buen ánimo en el cumplimiento de su trabajo. Quienes lo conocieron lo describen como un joven afable y respetuoso, que hacía su tarea con amor e incansable voluntad.

Su muerte

Félix sumaba días a su vida en el pesado carro cargado con piedras hasta que llegó aquel 11 de febrero de 1941, cuando la muerte lo esperaba sin justificación alguna.
Aquel día, como todos, Félix había ido al río en busca de ripio. Cuando regresaba por la actual calle Salta al 700 —antes de Las Tapias—, frente al callejón Saavedra de Chimbas, detuvo su carro y bajó a la banquina por una simple necesidad biológica. En el instante, cayó muerto por un disparo de escopeta. Sin culpa ni defensa terminó su vida con aquel tiro certero que pretendía una venganza y que fue fallida. La confusión surgió porque el equivocado homicida pretendió matar a su vecino Giménez con quien tenía problemas por supuestos robos de uva y a quien había jurado matar. Este se entregó voluntariamente a la policía y confesó su frustrada pero asesina intención.

La veneración

En aquella esquina fatídica de Chimbas, donde Félix Rocier Quiroz murió, su madre y sus hermanos se ocuparon de señalarla colocando una humilde casilla para ofrendar flores y velas en su memoria. Una costumbre muy arraigada en nuestra comunidad. Este fue el familiar inicio, porque después se empezaron a multiplicar las ofrendas y a sumarse promesantes que sublimaron su vida y su muerte; se iniciaron las promesas, las velas, las flores y los sacrificios. Desde entonces hasta ahora, este culto popular cuenta con miles de devotos que se acercan al lugar para venerar a “El Carrerito”.

El oratorio

El 6 de marzo de 1983 nace oficialmente la “Unión Promesantes de “El Carrerito”, por iniciativa de don Emilio Ramos. El fue el primer vecino que llegó al lugar cuando se produjo la muerte de Félix, alertado por un obrero suyo.
Esta entidad está formada por amigos, vecinos y promesantes devotos. En el correr de los años, trabajaron intensamente para procurar reunir fondos para comprar el terreno y construir el oratorio.
En toda la labor de esta gente, se trasluce la honda queja que dejó tan trágica muerte y la renovada esperanza de su milagrosa bondad. El edificio del oratorio fue el producto de estos esfuerzos de la gente de la comisión, con el aporte de la Municipalidad de Chimbas. Tiene 3 habitaciones, donde se guardan los testimonios de los favores cumplidos, ex votos como crucifijos, tapices, fotos, placas, rosarios, imágenes de santos y vírgenes, cuadros, yesos, muletas.

Lo más llamativo son los “ekekos” figuras de la región del altiplano cuya presencia ofrenda abundancia y bienestar y que se depositaron antes de la construcción del oratorio. En algún momento llegaron a contarse más de 50 de estos muñecos. Presumiblemente esto tenga relación con los pedidos que se elevan a “El Carrerito”, que en general se traducen en la trilogía clásica: salud, dinero y amor.
Otro sector está destinado al velero, donde se ubica una estructura de hierro para depositar y encender velas.
Para los devotos de “El Carrerito”, la erección de este oratorio se constituyó en otro “milagro”. Hoy, este modesto lugar tiene una gran significación para los habitantes de la zona. Es el refugio donde la intimidad de la plegaria se mezcla con el apesadumbrado devoto y el más agradecido ofrecimiento por los favores que el “almita del Carrero” prodiga ante ruegos y sacrificios.

Por: Licenciada Olga Rodríguez de Moyano y el profesor Jorge Delgado


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