Lunes, 29 de Mayo de 2017      

Hugo Mario Vinzio Rosellot

Hugo Mario Vinzio Rosellot: "El sanjuanino tiene humor pero no se registra"

Amante del humor político, Vinzio, escultor, dibujante y caricaturista, expresa que es difícil publicar y tener continuidad con ese tipo de historietas o chistes en San Juan y cuenta que siempre se preguntó hasta dónde un medio gráfico local respaldaría a un humorista.

El apellido Vinzio está asociado indefectiblemente con el arte de San Juan. Mario Hugo Vinzio fue el primer artista plástico que pintó grandes murales en la provincia. Su hijo Hugo Mario siguió sus pasos y obra de sus manos son las esculturas de Carlos Gardel (en la avenida Rawson) y de Leopoldo Bravo (en la estación San Martín), además de varios murales ubicados en edificios de departamentos en la Capital. El año pasado sus campañas publicitarias para La Rueca y Barrick, lo expusieron a la consideración pública y masiva. Para el Día de la Madre, esa tortuga que miraba con amor una pelota de fútbol, despertó sonrisas de emoción. Y con los grandes afiches de “La calle es una jungla”, campaña vial realizada para la minera, siguen trabajando miles de chicos en las escuelas.

Dedicado más específicamente a la caricatura y la escultura, Hugo presentó hace un mes la muestra “Shalom”, un llamado a la paz, que sobre una idea de Elio Azerrad unió a varios personajes de la historia política, social y cultural que marcaron el siglo XX; y el año próximo, estará presentando “Salú compadre”, su primer libro con cuentos de humor escritos e ilustrados por él.
Un apasionado del humor político, Hugo comenzó a publicar en El Nuevo Diario su primera tira “La Mosca”, que luego siguió en otros medios gráficos; y el año pasado, editó chistes en una publicación de circulación restringida.

Aunque confiesa que nunca tuvo problemas por sus caricaturas, cuenta como anécdota que “en una campaña me contrataron para hacer unas caricaturas de Jorge Escobar (N de la R: ex gobernador de San Juan) y en una entrevista que le hicieron, refiriéndose al partido en cuestión, el Bloquista, dijo: “Y hasta tienen dinero para contratar al caricaturista ese que se burla de mi”. Hizo acuse de recibo (risas)”.
Hablando en serio, Hugo sostiene que “ninguna revolución se hizo a través del humor, pero sí causó problemas y serios... Me parece que lo que pasa en los medios gráficos de San Juan, quizás simplificándolo mucho, es que los que quisieran hacer una cosa más audaz no tienen los recursos para pagar un humorista y los que tienen los recursos, no quieren incomodar tanto”.

— Hasta el año pasado editaste humor político, pero nunca lograste continuidad en los medios gráficos...
— No, no tuve mucho tiempo para publicar ni muchos medios. El Nuevo Diario fue el primero en el que publiqué. Pero en San Juan se da la idea de que el que hace estas cosas, lo hace por entretenimiento. Cuál es la alternativa que busqué: la publicación propia, financiar mis publicaciones. Entonces qué hago: el humor político sin la coyuntura. Me refiero a la política o al político, pero no a la coyuntura porque se desactualiza si no tengo un medio para publicar, semanalmente aunque sea. El humor gráfico es una especie de gimnasia y entonces junto material.

—¿Pensás que hay poco espacio en los medios gráficos locales?
— El humor es un deseo de esperanza, de que mejoren las cosas. Ninguna revolución se hizo a través del humor, pero sí causó problemas y serios. Como cuando se publicaron las caricaturas de Mahoma, el caricaturista fue condenado. No hace mucho participé de un foro por Internet defendiendo a un caricaturista nicaragüense que había sido encarcelado por publicar unas ilustraciones contra el gobierno. Gracias a la movida internacional lo dejaron salir. Casi pasó lo mismo con la caricatura de Sabat y Cristina. Me parece que lo que pasa en San Juan, quizás simplificándolo mucho, es que los que quisieran hacer una cosa más audaz no tienen los recursos para pagar un humorista y los que tienen los recursos, no quieren incomodar tanto.

— ¿Una página editorial en contra no golpea tanto a los políticos como unos centímetros de humor?
— Claro, por el temor a la ridiculización. Estás en una vidriera. Si cometiste un error político, el humor hace que se ponga mucho más en evidencia, que subraye el asunto.

— Porque tampoco funciona en las revistas, que sí pasó en otras provincias como Córdoba con Hortensia.
— Hubo un intento que se llamó la revista Embajada, de la cual fui colaborador absoluto esperando que prosperara. Estaba Ruiz Aguilar de gobernador, imaginate que hace unos años ya. Creo que lo que tenemos que pensar es si los sanjuaninos tenemos una práctica del humor. Me da la impresión que falta práctica. Pero me consta que hay humor en San Juan. Cuando vino Rep tuvimos un debate, porque dijo algo que me molestó, pero que tuve que darle la razón: Que haya humor no sirve en la medida que no se registre, que no se edite. Creo que el sanjuanino tiene humor, pero no está editado, no está escrito.

— ¿Hay intentos por registrarlo?
— Hay algunos esbozos interesantísimos. Daniel Giovenco (cantautor sanjuanino) es un humorista porque encuentra el humor en situaciones dramáticas, que le sirven para decir lo que él quiere con la canción. Me identifico mucho con lo que hace Giovenco. Sus letras son punzantes y se mete al hueso, pero no conozco escritores de humor. Los sanjuaninos van a la poesía, a la novela, pero no al humor. ¿Somos una cultura trágica, por tener un ascendente español que vino huyendo de la guerra? La gente común tiene humor; hay anécdotas desopilantes. Pero no hay una cosa así cómo el cordobés, que lo vive, lo practica, lo respira, lo escribe, lo canta.

— ¿Esta cultura trágica de la que hablás puede tener que ver con el terremoto?
— Hay cosas que son dolorosas. Hace un tiempo que quiero hacerle un homenaje a Félix Moral, un caricaturista excelente. A ese hombre le atribuyo haberme dedicado a esto. Cuando era muy chico mi papá me llevó a ver una exposición de él. Pero no hay registros de Moral, nadie sabe dónde están los familiares. Creo que somos una cultura sísmica y actuamos como tal. Todo lo que en un momento construye nuestra cultura, va entrando como en un movimiento sísmico que lo desaparece

— ¿Qué te llevó a dedicarte al humor?
— Tengo en mis genes a mi abuela, la mamá de mi mamá, que era una persona con un alto sentido del humor. Nunca la conocí, pero me doy cuenta que hay algo de ella en mí. Lo que me acuerdo es la muestra de Moral. En ese momento pensé: Si mi papá que es artista me trae a ver esto, debe ser arte. Desde ahí me interesaron Chaplin, el Gordo y el Flaco. Descubrí a Quino, a Sabat, a Florencio Molina Campos.

— Tu papá tenía un agudo sentido del humor.
— Mi papá fue un excelente caricaturista. Simplificaba las cosas al máximo. Lo he visto hacer una caricatura con una cartulina negra y pegarla sobre un fondo blanco y vos sabías quién era. Nunca supe por qué lo abandonó, nunca lo conversé con él. Pero las primeras cosas que ví de niñito, fueron las que le vimos hacer antes de morir. Volvió a los orígenes. El fue un tipo que me animó todo el tiempo. Estoy por editar un libro de humor, “Salú compadre”, y cuando se lo pasé, me llamó un día por teléfono y no podía hablar de las risotadas. No sé qué pasará con el libro, pero me siento por eso totalmente gratificado. Esa fue su bendición.

— ¿Qué te llevó ahora a escribir cuentos?
— Me encanta leer historias y me encanta escucharlas y contarlas. Te voy a ser honesto: lo que empecé a hacer fue un guión para una historieta; cuando terminé de escribirlo, mi familia me dijo: “Parece que se te pasó la mano”. Y cuando lo miré, pensé: “Voy a tener que dibujar como un infeliz” (risas). Había muchos detalles y entonces hice la del vago: ilustré con algunas viñetas. Estoy muy contento y si funciona me voy a animar a escribir. Este es mi segundo libro; el anterior fue “Tómelo con humor”.

— ¿Cómo fue trabajar el humor para campañas publicitarias como la de Barrick o la de La Rueca?
— El problema de la gráfica callejera es el escaso tiempo que tiene el transeúnte. El tiempo que dura un semáforo debe bastar para resolverlo. Hubo uno que fue muy festejado: fue para el Día de la Madre, y era una tortuga y una pelota. La Barrick me contactó luego de llevar una muestra mía a Veladero. La idea de “La calle es una jungla” la tenía hace tiempo porque a mí siempre me preocupó el tema del tránsito. Estaba sin terminar y cuando apareció la oportunidad, les dí la idea. Lo hice pensando en los niños. Creo que funcionó bien para todos. Y una cosa interesante que me sucedió fue estar en un centro de copiado hace poco, y ver cómo dos maestras plastificaban las láminas para que les duraran más. Esa es una de las cosas más felices que me pasaron en la vida.

— ¿Alguna vez rechazaste algún trabajo porque iba contra tu ideología?
— Si. Hay un límite siempre. No le haría jamás un monumento a Hitler, ni la apología del Golpe del ’76. Podrán decir que es políticamente correcto y lo sé. Jamás trabajaría para un cartel de droga. Hay muchas cosas que tengo claras. Trato en lo posible de encontrar hilaridad en las contradicciones del hombre, que son las mías, las de los gobiernos, las de los políticos y los no políticos. No me considero químicamente puro y desde esa óptica puedo abordar algunos temas. Ahora, cuando presento mi obra, ahí está mi ideología y el que la quiera ver, la va a encontrar. Cuando vea mi obra que no está auspiciada por nadie. No me gusta usar el arte como panfleto. Sé que hay ideas ahí puestas, pero cuando uno hace un chiste de humor gráfico, apunta a una mayoría.

—¿Cómo fue armar Shalom, donde convivían personajes tan distintos y algunos muy polémicos?
— Al principio fue un laburo, pero luego empecé a meterme. Yo me he pavimentado mucho, pero tengo allá lejos y hace tiempo fuertes connotaciones fascistas y he trabajado siempre en desmantelar la xenofobia y otras fobias al otro, que son terribles. La serie me llegó en el momento justo, porque estaba preparado para trabajar con un personaje judío y que no me importara que fuera judío. Pero ahí te das cuenta de hasta dónde llega la estupidez humana y cómo esa cultura está impregnada en nosotros y nosotros impregnamos. Hay que trabajar en la cultura. Me pareció fascinante, aún con personajes jodidos. “La guerra nace en la mente de los hombres y es ahí donde hay que comenzar a combatirla”, dice una frase de la Naciones Unidas. Qué hice yo. Bueno, esto. Antes de inaugurar la muestra aparecieron pintadas nazis, o sea lo que digo está latente.

— ¿Es difícil encontrar una motivación diaria?
— Hay una esperanza en el fondo. En este momento estoy trabajando en una idea: “Algo puede salir mal” y es verdad. En mi caso, soy un optimista persé. No quiere decir que meta la cabeza bajo la alfombra, que no esté informado. No soy un autista, pero creo que mi misión, si hubiera alguna esotérica en la vida, es eso: hacer reír. No necesito que me contraten. Mirá lo de Barrick, 15 años tardó en salir. Pero vale la pena porque a alguien en algún lado se le va a curvar la boca.

FICHA

Nombre: Hugo Mario Vinzio Rosellot
Estado civil: Casado desde 1981 con Ana María
Hijos: Tres, Ana Cecilia, Hugo y Lisandro
Comida preferida: “Asado, asado a la llama, costillas de cerdo y pollo al ajillo”
¿Cocinás?: “Sí. Me gusta cocinar”
Un libro: “Me gusta la historia. Ahora estoy leyendo sobre la vida de Belgrano”
Un programa de TV: La Ventana
Una película: “El cine de suspenso. Los ciclos de clásicos de canal 7”.
Música: “Ahora escucho folclore. Me gusta Mili Yacante, Jorge Drexler, La Trova, Jorge Viñas”.
A qué humoristas admirás: “Sabat, Crist, Caloi, Fontanarrosa”
Cómo es como padre: “Excelente. Es un gusto escucharlo hablar”, dice Hugo (h), estudiante de periodismo.

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