Lunes, 29 de Mayo de 2017      

Jorge Leónidas Escudero: "Un taller no enseña cómo escribir"

Poeta de hablar pausado, reflexivo e irónico, “Chiquito” nunca emite una palabra de más. Pero tampoco calla hipocresías, sobre todo a la hora de hablar de poetas y seudo poetas.

“El autor tiene que ponerse a pensar hasta qué punto merece la consideración del lugar donde vive y honestamente tratar de permanecer en lo que considera la real motivación para su obra y el arte que realiza, nada más”. La humildad que refleja esta frase pinta de cuerpo entero al poeta Jorge Leónidas Escudero, el talentoso “Chiquito”, que acaba de festejar sus 88 años y que espera ansioso la llegada de su nuevo libro” “Dicho en mí”, editado por Ediciones en Danza.
Con más de 20 obras publicadas, reconocido a nivel local (fue declarado Doctor Honoris Causa por la UNSJ), nacional e internacional (sus obras han sido editadas en México), “Chiquito” es un hombre de hablar pausado, sumamente reflexivo y sutilmente irónico.

— Comenzó a publicar hace casi 40 años, ¿en ese momento era más fácil que ahora editar libros de poesía?
—Siempre fue complicado, sí. Ahora Ediciones en Danza, me paga la edición y me da el 10% por derecho de autor, o sea 50 libros porque edita 500. Pero yo con 50 libros no hago nada, porque tengo que regalarlos a múltiples personas. Entonces tengo que comprar más libros, claro que me los dan a precio de librería. Bah, al precio que la editorial le pone a las librerías, además el librero lo recarga con lo que él piensa ganar…

—¿Tiene que comprar su propia obra?
—Claro.

—¿Con todos los poetas es así?
—Bueno, a los escritores famosos les pagan en plata contante y sonante (risas).

—¿Cómo se mantiene?
—Tengo una jubilación por haber trabajado en prensa en la Legislatura de San Juan.

— ¿Mucha gente se siente con derecho a ser considerada poeta…?
—Siempre hay jóvenes que intentan la poesía. Me ocurre que vienen jóvenes a preguntarme sobre su obra y yo les digo honestamente lo que me parece.

—¿Qué le parece la mayoría de las veces?
—Me parece que es muy loable que hagan el intento (risas). Pero como en la pintura, si tratan de poner una línea para acá, una para allá, mojar el pincel, poner el color y listo, como podría hacer yo sin saber nada, le resto valor a las obras. Hay también los que escriben en el sillón del psicoanalista (risas), por catarsis, y creen que esa espontaneidad tiene un valor artístico, que por supuesto no tiene. Yo le llamo a eso “palo de ciego”.

—¿San Juan tiene buenos poetas?
—Considero que tiene “algunos” (remarca la palabra) buenos poetas.

—¿Quiénes son o a quienes considera de su mismo nivel?
—No sé cuál es mi propia consideración para compararme con los demás. La comparación con otros es peligrosísima porque la envidia viene por el camino de la comparación. Tengo un poema dedicado a esto en mi último libro. Dice: Decímelo de frente/ y no como me enteré/, que te juntas con los de siempre/ a tomar vino en lo de/y anduviste sacándome el cuero/Es qué te hice yo/como no sea nada

—¿Es algo que le sucedió a usted?
—Siempre pasa porque somos seres humanos. El que intenta el arte buscando la notoriedad, tiene que entrar en esos intríngulis peligrosos de mirar qué hacen los demás para criticarlos aguda o injustamente.

—¿Perdió un amigo por la envidia o lo dice en general?
—Más bien decir que es en general (risas).

—Le pasó…
—Creo que siempre ocurre en la vida y me saco el lazo de esa manera…

—Hace unos días circuló un mail de la presidenta de SADE, Ada Gamez, que decía que el único autor que consideran en la universidad es a usted.
—¿Eso ha dicho ella? No sabía nada. Como diciendo que hay preferencias por algunos y por otros no…No sé… (duda)

—¿Considera que la SADE cumple el rol que tiene que cumplir o que últimamente promueve a seudo autores?
—Si fuera que realmente no tienen talento, pero tienen vocación, creo que también vale. Porque de la vocación debe salir la evolución hacia el camino más propio del arte

—¿No va en desmedro de la literatura?
—Creo que siempre ocurrió lo mismo: Así como hay personas que sienten una real necesidad interior de manifestarse a través de la poesía, hay otras que piensan que dedicándose a la poesía o la pintura, por ejemplo, van escalar posiciones sociales o se van a dar un status como artistas para saciar su necesidad interior de destacarse. Entonces se meten nomás y sus obras no responden a una inspiración real dentro del arte sino con una aspiración social. Y puede haber reverencias de parte de quienes por desconocimiento se acercan a ellos….

—De tanto insistir se convierten en poetas a la fuerza…
—Claro. Ellos creen que son escritores… Pero está bien que los publiquen en los medios, porque así como algunos dirán: “qué buen escritor”, otros se darán cuenta de que eso es una porquería (risas).

—¿Creerán que si se dedican a escribir o a pintar obtendrán mucho dinero?
—No siempre es el asunto del dinero sino de la gloria que significa (risas). No se traduce en dinero sino en fama. Y se entregan a la obra desmedidamente muchas veces y sin preparación, como dijo Polo Suárez Jofré.

—¿En la literatura también se ve por ejemplo este afán por el paisajismo?
—Ahora no tanto. Yo hice paisajismo, pero cuando andaba buscando piedritas en el campo. Obligadamente expresaba los lugares por donde andaba. No era que me sentaba en la ciudad y pintaba un paisaje literariamente (risas), sino que lo vivía. Y una cosa es vivirlo y otra usarlo como motivo que puede resultar destacado para el autor.

—Ahora, así como hay instituciones creadas para reunirse a pintar hay otras para reunirse a escribir, por catarsis…
— Y así les irá (risas)…

— ¿No se les puede decir: “Señor, señora, quédese en su casa porque lo que escribe no es literatura”?
—Hay que ver cuál es la intencionalidad del que escribe, porque si alguien quiere trasmitir las impresiones que tiene sobre diversas cosas, en muy buena hora que lo haga. Ahora, si quiere que eso esté un lugar destacado de la literatura, creo que se equivoca.

—Eso se alimenta desde algunos sectores. Por ejemplo, dictando talleres.
—Yo no di nunca, pero tengo amigos que sí. Piensan que pueden sacar a algunos entusiasmados escritores. Considero que esos van a salir más allá de la clase que dé el tallerista si realmente tienen algo para decir.

—Hay quienes lucran con esta gente sabiendo que no tiene talento…
—Pensarán que algún día le van a sacar algo bueno (risas). Un taller no enseña cómo escribir sino que da bases. El maestro de taller es como todos los maestros: bueno, el que posibilita la apertura a la creatividad; malo, el que da una estructura fija e incluso imitación de modelos.

—¿La inspiración es puro cuento?
—Creo que nadie puede decir ahora me pongo a escribir. La inspiración se presenta súbitamente y el autor la vuelca en el papel cuando lo cree conveniente. Ha surgido en un momento imprevisto, que se puede llamar inspiración, que es la musa. Pero uno se puede engañar a sí mismo. Hay que saber diferenciar cuando es un discurrir atropellado que viene de la mente, de la memoria, y lo otro, que está en otra parte del ser, en el sentimiento, en la parte no física del ser, el alma. Esto que estoy diciendo es memoria, fluye. Un loco también puede hablar bien, pero si uno lo escucha atentamente…sabe que está loco (risas).

LOS GRANDES JUGADORES
Además de la literatura, Escudero tiene otras dos pasiones: la ruleta y la minería (ver La piedra más valiosa). Conoció el casino cuando estudiaba Agronomía en Mendoza, y tiene un libro de poemas dedicado a los números de la ruleta y a algunos personajes reconocidos en ese medio, llamado “Los grandes jugadores”.
“En ese libro digo mis impresiones, qué le pasa a la gente y qué me pasa a mí también. El desvarío de querer ganar y que el intento me fracase, como me sucede siempre. Ahora me doy cuenta por qué va a jugar el hombre: por la simple ambición que es muy satisfactorio ganar. A lo mejor entre todas sus pérdidas tuvieron una ganancia y eso les dio una sensación especial que quieren renovar. Entonces, cada vez que renuevan una, tienen veinte malas”, explica.
Chiquito cuenta que se le ocurrió también “estudiar el cálculo de probabilidades para ver con cuánta certeza se puede apostar para tener la esperanza de ganar. Por ese camino, me di cuenta que el jugador es un gil que tiene que perder siempre (risas)”.
Sin darse por vencido, intentó buscar otra explicación por el lado del “ocultismo, la precognición, la adivinación, lo que ha intentado la humanidad desde siempre. Es un intento vano porque el medio es negativo para un estado de alta espiritualidad como pretende el que se va a sumir en un estado especial de conciencia para visualizar el futuro inmediato”.
El escritor confiesa que a veces apostó fuerte y perdió. “Lo hice con la intencionalidad de querer ganar, de tener alguna vez un dinero y me di de narices. Porque la intencionalidad no tiene nada que ver con el hecho de acertar”.


LA PIEDRA MSA VALIOSA
Escudero considera que San Juan “es un polo muy importante de minerales”. Comenzó a investigar desde muy joven, fue pirquinero, realizó cateos, exploraciones y descubrió minas, como de sulfato de aluminio y bentonita, que luego explotó.
El escritor está convencido que la minería moderna debe tener rígidos controles, pero considera también que en las opiniones en contra que se vierten “hay siempre una intencionalidad política. De gente que está enfrentada con quienes apoyan estos proyectos. Entonces, la mejor manera de crearse un espacio político es contradecirlo”.

Con respecto a la polémica sobre el uso del cianuro, Chiquito cuenta que “ahora se hacen controles, según leí, pero en San Juan se viene trabajando con cianuro para separar metales desde el siglo XIX, porque hay fotografías de los tanques en las minas de Castaño Viejo, del Tontal, y también de Hualilán. A esos los vi hace años. Eran unas piletas donde revolvían el agua con manguera y eso hacía que el cianuro precipitara el oro y la plata”.
Con tantas películas sobre la Fiebre del Oro y la historia del abandono que sufren esos pueblos cuando se agota el filón, Escudero sostiene que cuando se termine el proyecto Veladero “no va a pasar nada. El mundo seguirá andando lo mismo (risas). Si bien el oro tiene algunas aplicaciones útiles y prácticas. En otras es un mito, algo simbólico, como tener una moneda de oro o una base de oro el banco. Creo que en algún momento la humanidad se va a desprender del mito del oro. En algunos poemas yo digo que busco el oro con desesperación. Pero para qué, para salir de pobre nada más”

Ubicadas en varias vitrinas, el escritorio de Escudero exhibe una gran cantidad de piedras de diversos colores y tamaños. Sin embargo, a la hora de definir cuál es la de mayor valor dice con seguridad: “¿La piedra más valiosa que encontré? La poesía”.

FICHA Nombre: Jorge Leonidas Escudero
Estado civil: viudo
Hijos: dos hijas
Un autor: “Soy un ignorante de la literatura universal. No sé qué dice Cortázar. Comencé a leer a García Márquez y me aburrí”
Un compositor: “Soy un analfabeto musical”
Una comida: “Lo que venga, pero yo no cocino”
Chiquito Escudero en el fondo de su casa, junto a la parra, sus plantas y las piedras recolectadas en sus incursiones por la cordillera sanjuanina

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